Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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18. La doncella

A veces, mientras sirve la mesa, tiene que reprimir Betsy una carcajada al imaginar los fideos, higadillos y trocitos de zanahoria del consomé deslizándose por la pared, después de estampar contra ella la sopera, hasta formar un charco ―parecido a vómito de gato― sobre la alfombra persa. Pero más gracioso aún, piensa con regodeo, sería estrellar la salsera en el suelo de mármol, descascarillándolo un poco y llenando de añicos de porcelana todo el comedor. ¡Qué cómico ver al bulldog resbalarse sobre la salsa bordelesa, cortándose con la loza rota y poniéndolo todo perdido de sangre y pringue! Aunque lo más hilarante tenía que ser, sin duda, llenar de Château Beychevelle hasta el borde las copas del señor y la señora Wellington, para a continuación volcarlas de un manotazo sobre el mantel.

―Betsssy, traiga la carne ―sisea la señora, agitando la mano, haciendo tintinear las monedas de oro de sus pulseras―. Y quite esa sonrisita, haga el favor, que parece usted tonta del bote.

―Sí, señora ―se sobresalta Betsy, como recién despertada de un sueño, recomponiendo como puede el gesto y ahogándose de risa al imaginarse derramando la fuente de perdices estofadas sobre su vestido de encaje y terciopelo.

9 Responses

  1. Ángel Saiz Mora

    Esta doncella disfruta de lo lindo con solo imaginar lo que sucedería si se produjese un accidente doméstico, con un poco de equilibrio de clases incluido. El humor, muchas veces, se basa en el desorden, con ruptura de lo establecido. Desconocemos lo que tienen de premonitorias sus ensoñaciones, si va a terminar propiciando todo lo que imagina, pero de momento se recrea en el orden inverso, aunque quizá elude todas las consecuencias, algunas puede que no tan festivas, como un despido, por ejemplo.
    Un abrazo y suerte, Susana

  2. Rosa Gómez Gómez

    Si es que la aristocracia remilgada tiene mucha guasa. Aunque entrar “a servir” en esos antros es mejor dejarlo para luego.
    Un relato aristocreativo-divertido.

  3. Rosalía Guerrero

    Ojalá algún día las Betsys del mundo hagan realidad sus fantasías. He disfrutado un montón ese desorden imaginado.
    Un abrazo y suerte.

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