18. La doncella
A veces, mientras sirve la mesa, tiene que reprimir Betsy una carcajada al imaginar los fideos, higadillos y trocitos de zanahoria del consomé deslizándose por la pared, después de estampar contra ella la sopera, hasta formar un charco ―parecido a vómito de gato― sobre la alfombra persa. Pero más gracioso aún, piensa con regodeo, sería estrellar la salsera en el suelo de mármol, descascarillándolo un poco y llenando de añicos de porcelana todo el comedor. ¡Qué cómico ver al bulldog resbalarse sobre la salsa bordelesa, cortándose con la loza rota y poniéndolo todo perdido de sangre y pringue! Aunque lo más hilarante tenía que ser, sin duda, llenar de Château Beychevelle hasta el borde las copas del señor y la señora Wellington, para a continuación volcarlas de un manotazo sobre el mantel.
―Betsssy, traiga la carne ―sisea la señora, agitando la mano, haciendo tintinear las monedas de oro de sus pulseras―. Y quite esa sonrisita, haga el favor, que parece usted tonta del bote.
―Sí, señora ―se sobresalta Betsy, como recién despertada de un sueño, recomponiendo como puede el gesto y ahogándose de risa al imaginarse derramando la fuente de perdices estofadas sobre su vestido de encaje y terciopelo.


Leí el texto sin descubrir previamente el/la autor/autora. Según iba leyendo, iba pensando que detrás había alguien con capacidades especiales. Cuando abrí la plica, me dije con una sonrisa: “¿Quién si no?”
Hola, Susana:
Una delicia. Por la prosa (exquisita), por ser absolutamente visual y sobre todo por el toque de humor negro (ese bullgog).
Enhorabuena
Saludos
Esta doncella disfruta de lo lindo con solo imaginar lo que sucedería si se produjese un accidente doméstico, con un poco de equilibrio de clases incluido. El humor, muchas veces, se basa en el desorden, con ruptura de lo establecido. Desconocemos lo que tienen de premonitorias sus ensoñaciones, si va a terminar propiciando todo lo que imagina, pero de momento se recrea en el orden inverso, aunque quizá elude todas las consecuencias, algunas puede que no tan festivas, como un despido, por ejemplo.
Un abrazo y suerte, Susana
Muy visual, Susana, suerte. Un saludo.
Si es que la aristocracia remilgada tiene mucha guasa. Aunque entrar “a servir” en esos antros es mejor dejarlo para luego.
Un relato aristocreativo-divertido.
Me encanta, Susana.
La imaginación y su gran poder sanador. Placer de lo contrafáctico que pudo ser y no fue.
Mucha suerte y un abrazo
Ojalá algún día las Betsys del mundo hagan realidad sus fantasías. He disfrutado un montón ese desorden imaginado.
Un abrazo y suerte.
Incluso en un mundo de ataduras, la imaginación es libre y, como en el texto, sublime, atrayente y con esos maravillosos toques de humor. Suerte y abrazos, Susana.
Gracias por este momento dentro de una mente creadora del caos.
Un texto muy visual y atractivo.
!suerte!