Manga por hombro
Padre nació descosido, deshilvanado, y cada mañana amanece disperso y desordenado. Hoy despierta con su mano derecha junto a la pierna izquierda. La blande por el tobillo, la zarandea bajo las sábanas hasta que choca con algo. Está seguro de que es el torso porque ninguna otra parte de su cuerpo tose de esa manera. Lo acerca hacia la pierna, engancha los corchetes y aprieta los broches que madre le cosió hace tiempo. Une cada parte, poco a poco, esperando no equivocarse. Tantea con las manos y encuentra la cabeza bajo la almohada. La abrocha, carraspea y abre los ojos. Farfulla porque la ha montado al revés. Cuando termina, se incorpora y se viste bien apretado para que nada se le desmonte. Hay días, sobre todo los que tiene prisa, que se compone sobre la alfombra, pero casi siempre cae primero el pie izquierdo y el día no funciona bien. A pesar de todo, al volver a casa le resulta placentero descalzarse y desmembrarse a voluntad, abandonar los problemas descabezados sobre la mesita de noche o cortarse las uñas de los pies sin agacharse. Insiste en que no hay mal que por bien no venga.


¡Madre mía, Rafa, qué derroche de imaginación! Una persona descosida que tiene que recomponerse cada día, menuda tarea. Menos mal que el hombre le ve las ventajas, debe ser del club del vaso medio lleno.
Me encanta cómo vas relatando el proceso, las dificultades que se encuentra, los broches que le cosió madre, montar la cabeza al revés, lo del pie izquierdo, o los problemas descabezados. En resumen, todo.
Maravilloso, en serio, me lo volveré a leer más de una vez, seguro.
Un abrazote fuerte fuerte.