28. Anagrama (Francisco Javier Igarreta)
Aurelio no salió excesivamente mal parado de sus travesuras infantiles. Apenas le quedaba el recuerdo de algunos chichones y restos de alguna que otra cicatriz. Eso sí, arrastraba una cojera, producto de una de tantas caídas sufridas durante sus correrías por los accidentados andurriales de aquel poblado perdido de la mano de Dios. La escasa atención médica y una absoluta confianza en los remedios caseros hicieron que algo en principio de relativa importancia fuera a más, hasta el punto de acarrearle cierta incapacidad. Lejos de suponerle un hándicap, Aurelio echó mano de su talante animoso y ocurrente y sacando coraje de su cojera la convirtió en su seña de identidad. Era todo un espectáculo verlo caminar con aquel ademán, un tanto forzado pero sin embargo no exento de gracia. Tal vez solamente era una manera de disimular algo que seguro que le hacía sufrir. Pese a todo había algo que no olvidaba hacer cada día. Sabedor de la hora en que la tía Ramona salía de su partida de cartas, se acercaba cada tarde presto a empujarle la silla de ruedas por la pequeña rampa que conducía a casa. Después se retiraba ya cansado a la suya.


Hacer de la necesidad, virtud. Convertir las dificultades en oportunidades.Combatir la amargura con una sonrisa. Ayudar a otros sacando fuerzas de casi donde no se tienen. Un personaje lleno de auténtico coraje, un modelo creíble a seguir.
Un abrazo y suerte, Javier