84. Atardecer
Con su vestido raído se sienta todas las tardes en una montañita de escombros a ver la puesta de sol. Imagina que después del trabajo su marido regresa cada tarde a casa y aún le da tiempo de jugar un poco con los chicos. Amina, la mayor, será abogado, como él. Sin embargo, a Omar no le gusta estudiar, apenas tiene ocho años y las cosas podrían cambiar, pero ella intuye que los libros no van a ser lo suyo. Se pasa el rato montando y desmontando los pequeños aparatos electrodomésticos de casa, la bicicleta e incluso la moto del vecino. Eran felices viviendo el presente y jugando con el futuro, pero ahora ella ni siquiera se esconde cuando suenan las alarmas y los proyectiles comienzan a explotar. Se deja acariciar por los rayos del sol y piensa que, si tiene suerte, pronto volverán a estar los cuatro juntos otra vez.


Ha de ser terrible perder a los allegados más queridos. Es lógico que esta mujer, sin valor para quitarse la vida, espere que un bombazo les lleve con ellos a la otra vida, que imagine que todo podrá volver a retomarse como era antes.
Un micro duro y, por desgracia, posible.
Un abrazo y suerte, Manuel
Muchas gracias por tu comentario, Ángel. Te confieso que una de las motivaciones de escribir aquí es saber que voy a contar con unas palabras tuyas. Un abrazo.
Dura y creíble realidad muy bien contada, sin adornos.
Gracias, Edita. Una historia descarnada, directa, como un micro. Me hubiera gustado no tener la imagen para escribirlo.
Dios, vivir allí es como estar en el infierno. Precioso personaje has construido entre recuerdos y deseos rotos. Ojalá acabe todo para ellos. Comodín pueblo se merece esto.
Manuel, tu micro es precioso, pero lo que cuenta es terrible. Sin duda, yo también preferiría morir.
Un abrazo y suerte.