26. Apariencias (Aurora Rapún)
No sintió nada tras patear al mendigo que apestaba el cajero con sus mantas mugrientas. Ni siquiera un mínimo remordimiento por atropellar al gorrilla que ensuciaba la calle con su mera presencia. Ni un ápice de lástima por abandonar en una carretera al chucho baboso de su hermana.
Orgulloso de ser un ciudadano perfecto al que sonreía la vida, se limitaba a sacarle brillo cuando esta se manchaba.
La madre tardó en percatarse. Le costó atisbar, tras las grietas, la oscuridad que albergaba su vástago. Cuando al fin lo hizo, de entre los muchos demonios que la devoraron, el que mordió con más fuerza fue el de la culpa, que, aunque la fue corroyendo por dentro, no evitó que continuara presumiendo ante todos del hombre modélico en que se había convertido su hijo.


Ay, Aurora, ese miedo tenemos todas las madres: haber criado a un monstruo cruel y egoísta. Y qué disonancia cognitiva, saber cómo es y hacer como que no lo sabe. Me produce escalofríos, no sé si yo sería capaz…
Estoy pensando que la maternidad provoca culpas a gogó… Quién nos mandaría meternos en este fregao…
Un abrazo y suerte.