37. Algo me dice que no lo haga.
Por algún extraño motivo toda mi vida he ido en contra de lo que me dictaba la razón, siguiendo mi instinto como si en todo momento estuviese conectado con la divina providencia.
En aquel momento toda lógica me empujaba a unirme con la muchedumbre en busca de un bote salvavidas. El barco se hundía en la inmensidad del Atlántico, y ya ni los miembros de la orquesta, irreductibles, podían disimular el miedo.
En mi camino me crucé con ancianos resignados, con madres abrazadas a sus hijos. Con el miedo gobernando la nave.
No entiendo por qué no me deje dominar por él. Hubiese sido lo más lógico; lo más comprensible.
En cambio, seguí mi búsqueda contra corriente y contra el agua, que poco a poco inundaba el barco, ahogándolo sin miramiento alguno.
Sin saber cómo, lo había encontrado. El camarote número 115 del Titánic parecía ajeno a la tragedia. Y aunque dentro, todo era oscuridad, mi instinto pidió entrar.
Cuando volví en mí, entre gritos, ya no estaba en el barco, sino frente a aquella gran mole de acero, en el puerto de embarque.
-No tenemos todo el día, Señor –Me gritaba el oficial-. ¿Va usted a embarcar o no?
Tenía que salir el tema de las premoniciones, sí, señor. El Titanic es un escenario perfecto para las metáforas sobre el destino o simplemente para sembrar intrigas y misterios. Para mí tu relato lo reúne todo perfectamente. Y con un final a la altura de su perfección.
Abrazos.
Me alegra que te haya gustado. El juego de las premoniciones es algo que a mi siempre me ha gustado, y en este caso el titulo del relato actúa como final anticipado.
La historia del Titánic da para ello y mucho mas.
Un saludo.
Gracias Ana. Siempre hay personas que se salvan de las tragedias por casualidades o por otros motivos. Me apetecía darle ese enfoque al relato.
Me alegra que te haya gustado.
Saludos.
Creo en las premoniciones. Mi hija se libró de un accidente por una premonición.
Me ha gustado ese final imprevisible.
Yo creo en todo lo que merezca la pena creer M. Carmen.
Me alegra que te haya gustado.
Saludos.
Jo, jo, jo… Alfonso, ¡menudo cuerpo se le habrá quedado al futuro pasajero!… como para embarcarse ahora!!!
Un relato MUY BIEN narrado, con sorpresa final.
Un abrazooo
Pues por lo menos avisado estaba. El resto de la tripulacion seguro que hubiesen pagado por esa premonición.
Un saludo.
Las corazonadas existen y unos las siguen y otros no. En este relato creo que queda abierto: aunque todo apunta a que no va a subir, pues el primer párrafo explica cómo es su carácter, el título, con ese verbo en presente, puede sembrar la duda. ¿El camarote 115 es su propio subconsciente? Saludos y suerte.
Efectivamente Ana, el final esta un tanto abierto. Mi instinto me dice que al final no sube, pero en mi caso, suele fallar a menudo.
El camarote 115, en este caso, seria su tabla de salvación. De el depende agarrarse a ella o no.
Saludos.
Alfonso muy ameno tu relato, muy bien narrado. Me ha gustado.
Un saludo
Gracias Blanca.
Al menos, esa era la intención.
Saludos.
Hola, Alfonso.
Qué bien narrado y qué chulo ese final abierto que dejas a nuestro gusto. Yo creo que no sube. ..
Un abrazo y suerte.
Gracias Towanda. Me alegra que te haya gustado.
Yo en su lugar tampoco subiría…
Saludos.
Me ha gustado mucho, Alfonso.
Fíjate que yo, incluso, viendo la templanza del protagonista que no sucumbe al miedo, me lo imagino en el punto en que termina tu microrrelato volviendo a subir al barco y, como en un argumento con paralelismos a 22/11/63 de Stephen King, aprovechando esa segunda oportunidad para intentar evitar el accidente y salvarlos a todos. Aunque a veces lo que está predestinado es demasiado fuerte y arrolla las voluntades individuales.
Hasta pronto y mucha suerte.
La verdad Ignacio, es que ese podria ser uno de los muchos finales que podrían darse.
Bien pensado.
Saludos.
Que bueno, una premonición acerca del final que tendría el barco.
Que original, hay que felicitarte por tu imaginación, está claro que el Titanic está sacando mucho de nosotros.
Un abrazo.
Pues si Asun, la verdad es que fue un acierto la elección del Titánic como tema de este mes.
Yo además de este relato me he quedado con alguna que otra idea en el tintero a la que podría haber dado forma de relato.
En otra ocasión, supongo.
Un saludo.
Claro que no, que le vaya bien. Ja,ja,ja, muy simpático tu micro; y más simpático tu protagonista. Un micro súper original, Alonso. Un fuerte abrazo, Sotirios.
Gracias por el comentario Sotirios.
A mi, en su caso, ya me hubiese gustado al menos tener la oportunidad de poder elegir.
Saludos.
Alfonso, creo que tu relato va a estar entre los nominados de noviembre. Creo que ya poco mñas hay que decir ¿no? Enhorabuena, tal vez añado.
No se, Lorenzo, creo que aquí hay, como en REC, hay mucho nivel y grandes textos.
Yo me conformo con vuestros comentarios y poder participar todos los meses.
Gracias por leerme con tan buenos ojos.
Saludos.
Alfonso, la intuición, la premonición, un tema muy interesante, como tu relato. Un abrazo
Gracias Concha.
La verdad es que el Titánic ha dado mucho juego a todos los que nos hemos lanzado a escribir sobre él.
Saludos.
Sorprendente, me he quedado de un aire, tanto al leer la frialdad de sus descripciones y su visión ajena al miedo, como en el final. Hasta veo la sacudida de la cabeza, como despertando de su visión.
Me alegra que te haya gustado Isabel.
El hecho de ser una premonición es la que le da esa frialdad a los actos del protagonista, que en cualquier otro caso le hubiese costado mantener.
Saludos.
Alfonso, presentas la intuicion como un arma salvadora, y con sutileza nos invitas a apostar qué hará ante la duda. Suerte y saludos
Premonición que le salvó la vida. Pensé que dentro del 115 iba a salvarse. Suerte.
Buen relato. las premoniciones nos pueden salvar, como en esta ocasión a tu protagonista. Pero creo que el destino está escrito y no se puede burlarlo. Te busca, te encuentra y te destina a él sin más remordimiento.
Suerte, un abrazo Alfonso.
Mucho oficio, Alfonso. Felicidades.
Muy bueno, original y de final sorpresivo.
Abrazos.