31. Alimentando refranes
Soy el último mono en esta oficina de mierda. Por mi legendario despiste, siempre me endosan las peores tareas. No le caigo bien a nadie, mi jefe me desprecia y cuenta los días para poder despedirme. Así que, me digo, ¡de perdidos al río! Y, ante el asombro de mis colegas, me ofrezco voluntario para el encargo.
Mi abuelita siempre decía que tuviera fe, que yo había nacido con una flor en el culo, por lo que espero, de esta manera y con un poco de suerte, poder ganarme el favor de todos.
Es un hecho que ahora me miran distinto.
Despierto con renovado humor y afianzo la idea de tomarme el recado casi como una especie de feliz excursión. Tendré tiempo de conocer la ciudad y, quién sabe si de toparme con alguien afín… Son quimeras, lo sé, pero a lo mejor en la otra oficina alguien descubre mi gran potencial.
¡Pues a tomar por el saco mis expectativas! No sé en qué burbuja vivo…
He perdido el vuelo y, en el undécimo día de septiembre de 2001, puedo constatar que sigo siendo un imbécil…
Y que el mote de “desastre”, en ocasiones, se me queda pequeño.

