85. Beach windows
Había dos niños dibujados en blanco y negro en un muro de hormigón. Jugaban en la arena con sus palitas, rastrillos y cubos de plástico. Solo el cubo era amarillo, un amarillo intenso que quería apagar los tonos grises del muro. Una brecha se abrió en el muro, sobre los niños, y permitió ver al otro lado una playa de aguas de plata, cielos azules y palmeras verde esperanza. Los niños saltaron del muro y lo quisieron derribar con sus juguetes de plástico para alcanzar la playa. Vinieron más niños que también procedían del muro y lo querían cruzar con globos de colores y flores de papel. Pero los soldados dispararon y el cubito amarillo de plástico, y el globo rojo con forma de corazón, y los ramos de flores de colores desaparecieron. Los soldados dispararon y lanzaron bombas contra los niños, contra sus padres, contra las gentes que quisieron cruzar el muro fronterizo, que recuperó su tono gris de acero impenetrable. Y la brecha que permitía ver la playa se cerró, dejando para siempre a este lado del muro a niños fundidos en blanco y negro.


Hay muros y brechas terribles en este mundo nuestro. Vivir en un lado o en el es cuestión de suerte y marca una gran diferencia, muchas veces dramática, sobre todo cuando los del lado desfavorecido intentan traspasarlo.
Un relato lleno de simbolismo y triste actualidad.
Un abrazo y suerte, Manuel
Gracias, Á<ngel. Eres un apersona muy valiosa para este grupo, y siempre reconforta tu opinión. UN abrazo.
Manuel, me has dejado con el corazón encogido. Vas abriendo una grieta de esperanza en el muro para luego darnos de bruces con la realidad.
Un abrazo y suerte.
Gracias, Rosalía. Es un tema de actualidad, desgraciadamente. Muchas gracias por leer y comentar. Espero verte pronto.
Guau! Parece una utopía, un relato de metáforas llenas de imaginación. Pero duele de lo real que es.
Un abrazo Manuel y Feliz Año Nuevo.
Gracias, María. Te agradezco la lectura y el comentario. Nos vemos pronto.
Qué triste es la realidad, y qué bien la pintas. Con esos colores que no todos pueden disfrutar, ni tan siquiera los niños. Con esos disparos que no cesan, que todo lo vuelven negro.
Un abrazo, Manuel.
Carme.
Un fuerte abrazo, Carme. Muchs gracias por comentar.