63. Con más vagancia que escrúpulos (Alberto BF)
Mi objetivo vital siempre fue subsistir sin pegar un palo al agua. Por eso, tras una formación básica, ingresé en el seminario. Pensé que, con un poquito de oración y cierto dominio sobre la Biblia, bastaría para mantenerme sin demasiado esfuerzo, pero en cuanto vi la cantidad de versículos que había que aprenderse, cambié de opinión. No pasé del Génesis, y, antes del primer año, ya estaba buscando otra ocupación.
Mi siguiente tentativa para vivir sin esfuerzo fue la docencia. Dos meses de vacaciones, casi tres con Navidades y Semana Santa; menudo chollo. Los chavales eran majetes, pero cuando me tuve que enfrentar a la pesadez de sus familias, entendí que ni de broma era el camino. Meses después acumulaba mi segundo intento fallido de subsistencia fluida.
Mucha mejor pinta tuvo lo de ser todólogo tertuliano. Sobre el papel, era la opción ideal, pero una discusión con Pepelu, el hijo de un magnate televisivo, mandó todo al traste. Aún me duele recordarlo.
Afortunadamente, todo cambió desde que llegó aquella carta con sello de Tegucigalpa. Una pariente lejana, desconocida y multimillonaria, nombraba heredera universal a mi madre. Desde entonces, me he especializado en toxicología para deshacerme de ella sin levantar sospechas.


Todologo tertuliano , jajaja, me ha encantado ese término. Desde luego menuda suerte la de tu vago protagonista. Tu relato es la antítesis de la teoría del esfuerzo que se ve recompensado .
A ver cómo le va como asesino.
Has creado todo un personaje.
Un saludo
Se trata de una ocupación muy actual, y en algunos casos parece que proporciona grandes beneficios. Seguro que, al leerla, te ha venido alguien a la mente… ¿o no? 😉
Está claro que se trata de un vago con suerte, aunque hay que reconocer que, a su manera, se la busca.
Gracias por pasarte a comentar, Gema. Un abrazo, y mucha suerte con tu relato.
Todo un ejemplo de esfuerzo para no esforzarse. Un relato que transmite humor de picaresca, que acaba transformándose en humor negro. La vagancia acompaña sienpre a estenñ personaje, también la falta de escrúpulos a la que alude el título, aunque exacerbada y sin límites al final.
Encantado de leerte sienpre, Alberto
Un abrazo y suerte
Ángel, muy bueno eso de «esfuerzo para no esforzarse». Tal cual. Para ser vago hay que trabajar mucho, parece ser…
Muchas gracias por tu comentario. Siempre al pie del cañón, querido compañero. Un abrazo, y suerte para ti también.
¡Jajaja, menuda pieza tu protagonista, Alberto! Seguro que si le pide asilo político a su madre, ésta encantada de tenerlo en casa hasta los cincuenta y no tendría que esforzarse lo más mínimo. Sería una alternativa menos drástica que cargársela, pobre mujer.
Un besote y nos vemos el viernes en tu presentación.
Ana María, siempre aportando ideas lógicas y conciliadoras, al contrario que mis personajes. Por algo me hice presidente de tu club de fans.
Otro besote de vuelta, y nos vemos dentro de nada.
Jajajaja, menuda joya el vaguete profesional. No quiere trabajar, pero hay que reconocerle que intenta conseguir su sueño a fuerza de pruebas Solo espero que el máster en toxicología se le atragante como los versículos y no pueda llevar a cabo su peregrina idea. Buen relato, mucha suerte.
Estoy de acuerdo contigo, Izaskun. Al vaguete hay que reconocerle que es una persona constante, y que tiene claro su objetivo en la vida. Quién sabe si estará dispuesto a todo para conseguirlo, o si la vagancia evitará que adquiera los conocimientos suficientes para acabar con su madre y cumplir su sueño de rascarse el ombligo ad eternum.
Muchas gracias por tu comentario, y mucha suerte para ti también. Un abrazo.
Ja ja ja. Una hermana mía (con la que comparto el gen de la pereza, faltaría más) me dijo un día que los vagos merecían ser mejor considerados, recompensados de alguna manera porque hacemos lo mismo que los demás (qué remedio) pero con mucho más sacrificio y esfuerzo. En cambio, lo que hacen los voluntariosos y trabajadores de nacimiento no tiene ningún mérito, ya que ese don lo tienen de fábrica. Con tu estupendo relato me he acordado de esa conversación hilarante y de las carcajadas consiguientes.
Ja ja ja, tu hermana acaba de caerme tan bien como tú. Vuestra conversación da para un micro de éxito, y la argumentación me parece muy acertada. Enhorabuena por ese sobreesfuerzo, creo que os habéis ganado un merecido descanso.
Un abrazo y suerte, Edita.
¡Pero qué bueno! Ya arranca bien con esa frase lapidaria: «Mi objetivo vital siempre fue subsistir sin pegar un palo al agua.». Y de ahí, con cada ocupación se supera el micro de este vago vocacional.
Me encanta ese humor gamberro, que se vuelve negro al final, y también el tono coloquial con que está escrito: parece que lo tengamos delante.
Gracias por este rato tan divertido y mucha suerte.
Pd: yo no podré ir a tu presentación, pero avisa si vienes por Valencia.
¡Muchas gracias, Rosalía! Me alegra que te guste el tono del micro, y que te haya dibujado una sonrisa al leerlo. Por esto ya ha merecido la pena escribirlo 🙂
Cuenta con que iré por Valencia, y te avisaré de ello en cuanto haya una fecha. ¡Un abrazo, y suerte para ti también!
Qué toque de humor le das a todos tus micros, Alberto. Me encanta esa voz narradora llena de sarcasmo, pocos escrúpulos y una vagancia extrema que ya nos anuncia el título de tu variada y divertida historia. Bravo. Un abrazo y mucha suerte
Muchas gracias, querido Jesús. El protagonista es vaguete, pero le acabé cogiendo cariño. Al final no respeta ni a su madre, menudo tunante…
Gracias por pasarte a comentar, y fuerte abrazo.