37. Corazones blancos, sangre roja y un alma negra
Magüi le había contado cientos de veces cómo su madre murió en el parto y cómo su padre la llevó a la cabaña, recién nacida, envuelta en una estera vieja. Había cuidado de la niña desde entonces, alimentándola con leche de cabra y curando sus bronquitis con una flor que crecía junto a las plantaciones de azúcar, previamente cocida y mezclada con la leche caliente.
La pequeña aprendió a amar a los pájaros, las selvas y a todos los animales que vivían en la tierra. Hasta que un día su padre vino a buscarla. Le dijo que ya era mayor para aprender el negocio y encargarse de la hacienda cuando él muriera.
Eloise se abrazó a su madre negra, que correspondió al abrazo con lágrimas. El amo las separó y empujó a la esclava con tal fuerza que cayó contra el suelo formando un gran charco de sangre roja.
Su padre la cogió con fuerza de la mano y la condujo hasta la casa grande. Encerrada en su nueva habitación, con los ojos muy abiertos pensó que la mejor manera de vengar a Magüi era liberar a todos los esclavos que trabajaban en la casa y en la plantación.


Ea de bien nacidos ser agradecido. Tu protagonista sabe que no se puede devolver a nadie a la vida, pero sí poner algo de equilibrio en un mundo injusto, aunque solo sea un poco.
Un abrazo y suerte, Almudena
Muchas gracias, Ángel, por tus comentarios siempre certeros.
Un abrazo.