Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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43. El desorden que dejas (Nuria Rodríguez Fernández)

 

El día que te fuiste algo volcó dentro de mí. No fue tristeza: fue un terremoto doméstico en la cabeza. Amanecí con el corazón en la garganta y la memoria arrastrándose por el suelo como un animal herido.

Desde entonces vivo desordenada.

Tengo tu nombre atascado entre las costillas como una espina de pescado. Los días me nacen torcidos: el martes aparece en medio del domingo, la noche se me cuela dentro del café de la mañana, y a veces descubro que llevo horas respirando al revés, como si los pulmones también hubieran perdido el manual.

Dentro de mi cabeza hay una casa después del saqueo. Los cajones vomitan recuerdos, las sillas cojean con conversaciones que nunca terminamos y tu risa sigue colgada de una lámpara que nadie apagó.

He intentado barrer tu ausencia, pero es inútil. Se reproduce como polvo.

A veces creo que no te perdí a ti. Creo que perdí el orden del mundo. Porque desde que te fuiste todo aparece en lugares imposibles: tu voz en los espejos, tu silueta entre mi ropa, y yo caminando por mi propia vida como la invitada que llegó demasiado tarde.

7 Responses

  1. Rosalía Guerrero

    Ay, Nuria, siempre que quedo prendada de tus palabras. Qué manera más poética de contar el desorden del desamor.
    Un abrazo y suerte.

  2. A veces, me gusta destacar alguna frase de los textos que me llamaron especialmente la atención. En este es imposible, tendría que citar casi el relato entero. Un texto muy pensado y de larga elaboración, sin duda.

  3. Ay Nuria, qué puedo decir. Bellísimo. Una frase tras otra, cada metáfora, cada idea.
    La noche colándose en el café, el manual de los pulmones, la risa colgada de la lámpara… detalles tan fantásticos pero que encajan en la historia a la perfección.
    ¡Chapeau! Una verdadera maravilla.
    Besazo enooooorme como este pedazo de micro.

  4. Ángel Saiz Mora

    Hermosas y bien combinadas palabras para relatar un abandono que no solo deja un vacío, que podría llenarse, sino el mayor de los desórdenes, que no parece que se pueda disipar. Con razón dicen que una casa es el reflejo de uno mismo.
    Un abrazo y suerte, Nuria

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