20. El hueco en el pecho
El distinguido caballero se despertó de madrugada, llevándose su huesuda mano derecha al pecho. Comprobó que su corazón latía de manera acompasada; quizá un tanto acelerado por el repentino despertar.
Se incorporó en su lecho y miró a los lados. Desde hacía unos días notaba una sensación etérea, como de extravío.
El frío de la madrugada se colaba por las rendijas de su ventana. Pero no era solo eso lo que le inquietaba. Había algo más profundo, una ausencia que no podía nombrar.
Se levantó de la cama y, despacioso, se acercó hasta el arcón. Lo abrió de par en par. Allí descansaba su espada envainada, símbolo de su profesión y de tantas batallas libradas. Junto a ella, su capa parda y sus botas de soldado, aún agrietadas por tantas tierras pisadas.
Miró el conjunto con desconcierto.
Antes cada combate era un trabajo, un servicio, casi una ofrenda. Ahora solo sentía ecos de gritos, de dolor, de oscuridad.
Aquel hueco en su pecho no lo había dejado ninguna herida.


Se pone poner mucha fe y empeño en una actividad, pero también se puede perder si se descubre, como es el caso de tu guerrero protagonista, que debajo de todo no hay gloria ni atisbo de bondad alguna, sino todo lo contrario.
La historia de una desazón, con muy buenas descripciones físicas y psicológicas
Unabrazo y suerte, Esperanza
Llegados a una edad avanzada algunos se replantean toda su existencia y profesión.
Muchas gracias por tu comentario Angel.
Un abrazo
Y suerte ♣
Qué bueno, Esperanza. Nada bueno puede salir de un oficio que implica matar y morir. No me extraña que sintiera ese hueco.
un abrazo y suerte.
Es un ‘oficio’ complicado, por decirlo de manera elegante 😀 O al menos lo parece desde fuera.
Gracias Rosalía.
Un abrazo.
Me quedo con ese estupendo final que es el diagnóstico perfecto después de la descripción de los síntomas que siente tu caballero. La culpa, el remordimiento pueden ser tan poderosos como la fe.
Un abrazo
Y la pérdida de la misma, después de toda una vida con la espada en ristre.
Gracias por lo de ‘estupendo final’, comentarios como estos me llegan al alma ♥
Un abrazo Gema
Un micro muy visual, es casi como estar viendo al caballero frente a los símbolos de su vida pasada que ahora ya no le parece tan gloriosa. Una lástima terminar así, espero que encuentre algún consuelo antes del fin.
Muchos besos, Esperanza.
Tan visual lo notas porque en un flash me vino el cuadro de El Greco. Y empecé a tirar del hilo, o del pincel, mejor dicho, y llegué a la explicación del Museo del Prado sobre el caballero y eñ simbolismo de su época.
Gracias Ana María
Mucha Suerte ♣