Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

Single Blog Title

This is a single blog caption

70. El juego

Su gran variedad de grises sugiere la presencia de muchos colores, pese a ser una foto en blanco y negro. En ella aparece sobre un escenario junto a otros niños, todos con las manos atadas atrás y una manzana colgando delante de la boca. No lo debería estar haciendo muy bien, porque recuerda que alguien, quizá la misma persona que, a modo de mago o verdugo, le había anudado las muñecas, en un momento dado se las liberó para que pudiera ayudarse de las manos.

Le basta con mirarla para volver a verse allí arriba, cegado por uno de los focos, perdido y ajeno a cuanto le rodeaba: a aquella esquiva manzana, al resto de participantes, a sus padres, a su hermano mayor y demás gente del público, como también a ese individuo sin rostro que —magnánimo como tal vez nadie lo haya vuelto a ser con él— decidió concederle aquel privilegio, una ventaja que no quiso aprovechar.                                                                                                                                                                                                                                                              (Fuera de concurso)

6 Responses

  1. Ángel Saiz Mora

    intentar morder una manzana colgante sin manos es algo más que difícil. No querer utilizar una ayuda inesperada honra a este personaje, sin deseo alguno de ganar ese juego gracias a algún privilegio que los demás no tenían. Se ve que nunca olvidó que alguien, a quien identifica como persona generosa, quiso ayudarle, aunque no llegase a saber quién era, en una experiencia de las que curten, que hace bueno el refrán de «Dios aprieta pero no ahoga».
    Siempre es un placer leerte, Enrique.
    Un abrazo

    1. Con este relato tenía la sensación de no explicar bien mi intención, pero veo que tú no te has dejado nada por ahí. La idea parte de un recuerdo propio (de esos que cobran relevancia sobre el resto de vivencias y sobre los demás recuerdos), y no sé sí fui el único favorecido por ese juez magnánimo. Es posible que hubiera niños más pequeños que otros y él quiso compensar. Veo que más abajo Rosalía ve en él una especie de alegoría, y si me he decidido a sacar esta historia ha sido precisamente por darle esa dimensión.
      Muchas gracias, Ángel; siempre tan amable. Un abrazo.

  2. Rosalía Guerrero

    Enrique, la vida es como querer comerse una manzana con las manos atadas a la espalda. A veces necesitamos una pequeña (o gran) ayuda.
    Un abrazo y suerte.

    1. Enrique Mochón Romera

      Muchas gracias, Rosalía. Aunque la historia es autobiográfica, quería transmitir precisamente esa idea con ella. Espero que también sirva para poner un poco de orden en mi interior.
      Un abrazo y suerte para ti también.

    1. Me alegra mucho que te guste, Edita. No me gusta faltar a ninguna convocatoria, y procuro hacerlo con el mismo interés que cuando me juego pasar o no al libro. En cualquier caso, tenía mis dudas sobre está historia. Muchas gracias por todo. Un abrazo.

Leave a Reply