24. El mensaje de mamá
Y llegó un momento en el que ya no pude más, así que, sin dramas, busqué el lugar adecuado para despedirme.
Escarbé en mi enloquecida mente y comencé una labor de desbrozo entre los recuerdos de mi padre matando a mi madre, de las casas de acogida, de las detenciones, de los abusos… No fue tarea fácil, para qué engañarte, pero de pronto algo se asomó tenue y frágil como una rara flor y, en consecuencia, me agarré a ello. Tan sólo fue una estancia fugaz en un enmarañado bosque, pero muy real. Te cuento: imagina el esqueleto de un gigantesco árbol. Yo sentado delante. Bebiendo, tal vez durmiendo… Cuando desperté, un millar de luces navegaban ante mí creando universos oníricos. Pensé que alucinaba, pero Pablo rio y exclamó divertido que eran luciérnagas.
Por eso estoy aquí. Para volver a verlas y llevarme esa imagen al ultramundo.
La noche cae y los mágicos insectos comienzan su danza. La pistola pesa, enfría mi mano, y yo sonrío.
Los bichos siguen con su espectáculo lumínico. Se encienden y apagan sin patrón aparente. Hasta que algo sucede de pronto. Se están coordinando. Rompen el desorden configurando una única y luminosa frase: continúa, hijo.


Una vida tan compleja y dramática como la que le ha tocado a tu protagonista no debe de ser sencilla de gestionar, es lógico que ese desorden vital le conduzca a la desesperación de querer terminar con todo. Por suerte, le ha ocurrido un hecho extraordinario para que cambie de rumbo y no ponga fin a su vida antes de tiempo. El amor de una madre traspasa todas las dimensiones posibles. Si lo que ocurre es que lo que ha creído ver está, en realidad, en su imaginación, será que en el fondo necesitaba una excusa para continuar. También significará que la imaginación y la literatura van de la mano, y pueden ayudar a sobrellevar el peor de los desórdenes.
Un abrazo y suerte, Susana
Tu relato supera con creces la expresión “madre no hay más que una” (y menos mal, dice un hijo mío). Con esta historia podías registrar a tu nombre una expresión nueva: “el amor de madre no caduca ni en el otro mundo”.
Qué final más mágico… pero ya sabemos que las madres hacemos lo imposible por los hijos. A ver si tiene suerte tu protagonista, que bastate poca le ha tocado hasta ahora.
Un abrazo,
Carme.
Que vida más terrible, menos mal que esa madre está conectada con las luciérnagas para tenderle una mano a su hijo.
Un abrazo y suerte.
Desorden de vida. Me has hecho pensar en La tumba de las luciérnagas. Hermosas luciérnagas. Suerte y abrazo, Susana.