86. El protegido
Desde que el padre falleció, a Keko su madre solo le deja ver programas infantiles, «para protegerlo», le explica ella siempre. Y, aunque él no entiende lo que le quiere decir con eso, no le importa, le encantan los dibujos, sobre todo los de unos muñecos que surfean las estrellas en un cajón.
Esa noche el niño sueña con el padre y se despierta con una enorme sonrisa de madrugada. Después, todo sucede demasiado rápido.
Keko se pone el casco se asienta en una caja del trastero se lanza por las escaleras y sale volando por la puerta ya abierta de entrada, rumbo al cielo donde está su padre, justo al tiempo que pasa un camión.
¡Ay Nuria! No, si no se puede proteger tanto a los hijos.
Un relato que empieza comedido, casi festivo, casi tierno, y al final, “chof” ¡Qué desgracia!
Pero muy bien contado.
Hola, Rosa.
Parece que lo de proteger se nos puede ir de las manos, sí. De hecho, suele pasar que muchas veces sale rana.
¡Gracias por pasarte!
Besosss
Hasta los programas infantiles más inocentes puesen ser un peligro si las cosas están por pasar. Dicen que los niños tienen un ángel que les protege en sus caídas y corrwrías, pero no siempre se cumple.
Un relato que comienza con una tristeza controlada y una dulce ingenuidad infantil, hasta que todo se descontrola con un mazazo final.
Un abrazo y suerte, Nuria
Hola, Ángel
Pues sí, los programas infantiles los carga el diablo. ¡Qué verdad tan grande!
Espero que cada niño tenga su Ángel de la Guarda como bien dices.
Por otro lado, me alegra que se vea el efecto que buscaba.
¡Muchas gracias por pasarte!
Besosss
Nuria, es imposible protegernos totalmente del peligro, pues hasta en unos inocentes dibujos animados puede esconderse la fatalidad.
Un abrazo y suerte.
Hola, Rosalía
¡Qué verdad tan grande! Supongo que el destino tiene mucho que decir también.
Gracias por pasarte por aquí.
Besosss
Cierto que siempre estamos tratando de protegerlos de todo, pero a veces no se les puede proteger de ellos mismos. Un relato tierno con un final durísimo, que pone la carne de gallina.
Un abrazo y suerte, Nuria.
Hola, Ana
Me alegro infinito que se vea el efecto que buscaba. A veces es difícil ser tierno y meter un mazazo… jajaja
Gracias por comentar.
Besosss