40. GRIS
Lloviznaba, tarde-noche de domingo; una gata enfermiza llamada Nora; el puto cáncer; viejas fotos en una caja de hojalata; el perchero de la entrada huérfano de gabardina. Todo parecía un escenario de película en blanco y negro de esas en las que acabas llorando. Ah, y era otoño.
Tres años después te seguimos añorando. Ayer compré una gabardina para que el perchero también te recuerde y todas las semanas pongo a girar algún vinilo de carpeta ajada y descolorida, para escuchar las viejas fotos. Se echa en falta algo de lluvia, pero ya sabes cómo se las gasta la pertinaz sequía. Ah, y tenemos un gato bicolor, hijo de Nora. Se llama Gris, como aquel domingo en blanco y negro.


Hay días que suponen un antes y un después, comienzo de un inexorable porvenir gris. Los objetos hablan de nosotros, las mascotas también, pero sin la persona a las unos y otras están asociadas nada vuelve a ser lo mismo.
Un saludo y suerte, Fran
Hay colores en la vida que no se vuelven a recuperar, querido Fran. Podemos vestir los días con nuevos adornos que coloreen, pero ese tono grisáceo parece que se mantiene. Suerte con este texto otoñal.
Hola, Raúl:
Gracias por comentar mi relatos.
El tuyo es muy triste. Me fascina el detalle de la gabardina; un pequeño objeto que puede crear un gran vacío. El escuchar viejas fotos también me pareció bellísimo.
Mucha suerte a ti también.
Fran, que bien dibujas la ausencia que tiñe la vida de gris. Y esa gabardina colgada es una imagen muy potente.
Un abrazo y suerte.
Hola Fran
Un relato envuelto en hojas secas, en añoranza y colores fríos,
Enhorabuena y suerte