LA FE MUEVE MONTAÑAS
Doña Paquita regaba todos los días un zapato viejo que rodaba por el patio. Creía firmemente que ese sencillo gesto haría que brotaran flores allí donde fuese, en este caso en el zapato solitario. Llevaba tanto tiempo haciéndolo que ya nadie le hacía caso. Y como quiera que la vida a veces tiene sus cosas, de alguna manera, llámese insecto, llámese viento, llámese pájaro, cayó una semilla dentro del zapato, brotó un tallo y de él salieron tres florecillas minúsculas, que no dejaban de ser flores, al fin y al cabo, lo que supuso un pequeño alboroto, un pellizco de alegría y felicidad, pero sobre todo, la confirmación de que siempre estuvo en lo cierto. Así que con todo el convencimiento del poder de su fe y dispuesta a ver salir el sol cuando asoma por el horizonte sin nada por medio que le estorbe, se ha propuesto modificar un poco la orografía local, y ahí está desde entonces, sentada en silencio en el porche de su casa, mirando al macizo y concentrada en esa idea fija, a ver si un día de estos se obra el milagro.


Con fe muchas cosas son posibles, hasta conseguir que con yna mezcla de azar y constancia broten unas florecillas rn un zapato. Otra cosa es tomarse los refranes en sentido literal. Curioso personaje doña Paquita.
Un abrazo y suerte, Ana