36. La futura científica
—¿Qué haces?
La voz de su hija irrumpió en la madrugada a su espalda. Demasiado cerca. Se volvió hacia ella en un escorzo tratando de parapetar con su cuerpo la caja que llevaba en las manos. Ahí estaba abrazada a su peluche mirándole. Expectante. Confusa. Inquisitiva.
—Nada. ¿Qué haces aquí? —recuperó una postura más natural confiando en mantener oculto el puzle de la tabla periódica.
—No me duermo. Y me hago pis. —dijo ella frotándose un ojo—¿Eso es un puzle de la tabla periódica?
—¿Qué? — se le congeló una mueca.
La niña miró los papeles de regalo desplegados sobre la mesa.
—¿Qué pasa, papá?
—He oído ruido y me he levantado y… pues…
—Jolín, papá. Los has interrumpido. Se habrán ido.
—Tranquila, hija. Vamos a la cama. Volverán cuando estemos dormidos. Venga… —la caja se le cayó explotando en doscientas piezas.— Dios… Vale. Vete a la cama, corre. Lo recojo rápido y me voy a dormir.
La niña cogió la pieza que llegó a sus pies y se la dio apresurada.
—Corre papá. Déjalos trabajar. No interrumpas más. —le besó y se marchó corriendo.
Miró la pieza antes de devolverla a su caja. «Hierro». Sonrió. Suspiró. Resopló.

