38. LA OUIJA
Sentados en el suelo, se reían y bebían por turnos. Preguntaban y el vaso respondía de manera incoherente a sus banales y adolescentes cuestiones. Hasta que uno de ellos preguntó si podría destruir el mundo. El vaso no reaccionó y la velas movieron sus llamas ligeramente. Nada espectacular. Aburridos, los chicos dejaron aquello y salieron de casa para ver con estupor que fuera ya no había nada.

