30. Limbo
Y Él añadió «con esto tiráis un tiempo, chavales» y nosotros transcribimos su Palabra en el Libro Sagrado. En su Segunda Venida, nos proveyó de leña seca, aparatos de luz, extraños recipientes con alimento y varias mantas. Arrodillados, tras implorarle que no nos llevara aún a su Reino, lo vimos alejarse. Se elevó por la Escalera de Jacob, llenó de claridad el Círculo y, antes de desaparecer, dijo «puta tapa, cómo pesa la condenada».
Palabra del Señor.
Asamos diez ratas para celebrar su Segunda Venida. Después bailamos alrededor de la hoguera, nos bañamos en nuestro río y nos emparejamos bajo las mantas, como hacían nuestros padres antes de partir.
Ahora estamos montando un altar junto a la Escalera de Jacob para ensalzar nuestras oraciones. En el centro hemos colocado un dibujo de Él, con su túnica azul y corona blanca iluminada, y, a su lado, la hoja que dejaron nuestros padres. En ella descansa el Primer Mandamiento, «Cuidaos mucho», el Segundo, «Rezad y Él vendrá a vosotros» y el Tercero, «No salgáis nunca».
Y no saldremos, esperaremos aquí para que nos encuentren cuando regresen, pero, mientras tanto, seguiremos elevando nuestros rostros hacia el Círculo. Hasta que Él vuelva a iluminarnos.


La fe, con fundamento, o sin él, excluye las dudas e idealiza todo en base a una esperanza.
Un abrazo y suerte, Asier
Conciso y acertado, como debe ser.
Que Dios te bendiga, Ángel.
Abrazo!
Asier, es inquietante a la par que divertido, menuda combinación. Entiendo que los padres dejaron a sus hijos escondidos (¿alcantarilla, búnker?) hasta que pase lo que quiera que haya ocurrido. Y mientras tanto el «proveedor» es su dios.
Y en el fondo algo más profundo: cómo la fe, en este caso religiosa, nos puede volver gilipollas.
Un abrazo y suerte.
Ostras, Asier
Una metáfora total!
Es genial ese líder espiritual que desciende de las alturas, y que ni puede con la alcantarilla.
Fe, sectas y mito de la caverna, todo en uno.
Genial, enhorabuena
Hola, Alberto! Mira que pensé que me había quedado un micro muy tuyo jajaja
Alabado seas.
Abrazo!
Inquietante y divertido, bien! Es que a veces la realidad depende la perspectiva con la que lo mires 😉
Bendita tú seas entre todos los microrrelatistas, Rosalía.
Abrazo!
Asier, veo que repartes bendiciones como rosquillas, jajaja. Un relato duro y que encierra una crítica nada velada o eso me parece a mí. Esa sumisión de los personajes recuerda al concepto tan de la edad media de que todo se soporta en vida y que la auténtica felicidad está después de la muerte, que es la que parece que les espera a tus personajes.
Un abrazo
Hola, Gema,
si te ha parecido duro es que lo has entendido a la maravilla.
Gracias por comentar y que el Señor te acompañe.
PD: estoy a dos comentarios de quedarme sin bendiciones.
¿Todavía llego para bendición? Elevaré mi mirada al Círculo a ver si me ilumino.
Por no repetir comentarios anteriores, añadiré que el lenguaje empleado le queda de fábula. Palabra del Señor Susaeta. Y que escribes de maravilla, microrrelatista de los tres mandamientos.
Un abrazo,
Carme.
Llegas, llegas… Sobre lo del lenguaje, te lo agradezco especialmente porque ese narrador en primera persona era complicadillo. Redios.
Bendita tú eres entre todas las mujeres, M.Carme Marí.
Qué manera más elegante de cubrir la dureza y la crítica con un toque de humor.
No quiero ni imaginarme cómo es el río en el que se bañan.
Espero que alguien más use esa escalera, pronto.
Hola, Hugo,
mucho me temo que ese «río» no es de aguas cristalinas. Y coincido con tus plegarias; a ver si hay suerte y atraviesan el Círculo pronto.
El Señor esté contigo.
Pues sí, tus protas «están en el limbo» de todas todas. El concepto me ha recordado al de la película «Canino»: todo es lo que nos han dicho que es y no se cuestiona, lo cual es una de las caras de la fe no demasiado bien entendida.
Es un micro buenísimo, con su crítica ácida a la fe ciega (aquí más ciega que nunca) y sus gotas de humor (esa «corona blanca iluminada» es tronchante).Enhorabuena. Suerte no debería necesitar, pero qué demonios, te mando un puñao y ya la gastas tú en lo que quieras. Un abrazo.
Muchas gracias, Ana. Con tu comentario me arreglas el lunes (y la semana, qué demonios).
Un beso grande.
Podemos ir en paz.
Demos gracias al señor (pocero).
Pobres ignorantes condenados a esa vida! O no, igual por esa misma razón son felices y compren perdices.