31. LOLITA (Jesús Alfonso Redondo Lavín)
Qué romerías aquellas de mí niñez en los prados circundantes de la Iglesia. Y qué divertidas canciones. Recuerdo una: “Mi papaíto ha comprado una veloz camioneta que según dice ha costado cuatrocientas mil pesetas…”
Pero la canción del verano, de aquel verano, fue “Lolita” del “Dúo Dinámico”. Aquella música despertó mí adolescencia. Platón entró como un huracán en mis meninges.
Lolita, la Lolita real, vivía en un caserío vecino. De amanecer a atardecer me acercaba varias veces a su casa en la bicicleta. Miraba a hurtadillas desde detrás de los bardales y la veía ora acarreando baldes de leche, ora metiendo hierba en la cuadra con el bieldo al hombro. Qué blanca, qué fuerte y qué sonriente era. Y así, en aquellas continuas idas y venidas secretas, sin soltar el soniquete a ritmo de pedal “loólita loólita mi amor..”, iba yo entrando en celo.
Una tarde mientras mi tío ordeñaba me soltó:
Mucho vas tú con la bicicleta al caserón de Hontañón. Qué pasa, ¿es que te hace tilín la Lolita?
Mierda, mi secreto descubierto. Qué vergüenza. Mi interés por Lolita terminó fulminado. Desde aquel momento me dediqué con afán a tratar de subir pedaleando la imposible cuesta de Puente-Arce.
Jo, siempre tiene que aparecer un aguafiestas jjj. Me ha hecho mucha gracia tu relato, Jesús. Un saludo.
Es que mi tío era un guasón de cuidado.
Gracias por comentar.
¡Ay qué gracia! Con que poca cosa se desinflan algunos… 🙂
Pues sí, yo era muy frágil. Ahora también.
un saludo y gracias por escribir tu comentario.
Muy bueno Jesús. De algún modo había que apagar ese calentón con Lolita. Y qué mejor que una buena ascensión para apaciguar a la testosterona.
Mucha suerte
Geacias Ton por leer mi relato.
un saludo.
No hay nada como una buena cuesta para aplacar a un jovencito en celo. Y Lolita sin enterarse de nada, a lo suyo de sol a sol. Una cosa es segura, ese verano el muchacho se puso muy en forma con tantas idas y venidas, que en realidad no le llevaban a ninguna parte.
Un relato muy simpático con reminiscencias de otra época. Me ha hecho mucha gracia a ese Platón entrando en las meninges del protagonista.
Un abrazo, Jesús. Suerte
Ya ves, Ángel, era otra época la mía. Nos daban miedo las tías.
Jesús, qué gracia de relato. Muy bueno. Nunca se sabe, igual llegó a ser un campeón del ciclismo con tanta ascensión.
Gracias, Blanca. Tengo que confesar que nunca logré subir, sobre la bicicleta, la cuesta de Puente-Arce.
Que historias de niñez!!!!! Nunca se olvidan. Un beso muy grande.
Hola prima. Te agradezco mucho que hayas entrado en este blog para vomentar.
un beso.
Eso tiene la adolescencia, que es muy vulnerable, cualquier comentario trunca un amor en toda regla. Pobre muchacho descubierto su secreto. Un relato muy visual, me he divertido imaginando todos esos viajes y la cara colorada del chaval al ser descubierto.
Mucha suerte Jesús Alfonso.
Gracias por pasarte por mi cuadra.
saludos.
Divertido tu relato, en el que seguro que muchos hemos podido ver nuestra propia adolescencia reflejada. La música pegada a historias veraniegas, las bicis como único medio para alcanzar nuestros deseos, los primeros amores….muy bueno
reyes
Gracias Reyes. Por allí pasábamos todos y lo pasábamos bien.
Una agradable lectura. Sumerge bien en el ambiente, la época y la edad del muchacho.
Felicidades y abrazos.
Pues así era aquella época. Yo veraneando en el pueblo de Santa Cruz de Bezana. Playa de Soto de la Marina y carretera de Puente Arce con muy poquito tráfico para pedalear.
Hola, Jesús.
Nos llevas a la adolescencia y eso es siempre es emotivo.
Me gusta tu protagonista.
Un abrazo.
Pues muchas gracias, ya que el protagonista era yo mismo. Espero seguirte gustando.
Besos.
Hola Jesús,
En Melotemía te espera una Lolita un poco más descarada que la de tu relato. Espero que te guste.
Un abrazo.
Estoy buscando a esa fresca de Lolita que me dices. Mis Lolitas eran chicas recatadas del norte en el norte. Lo digo porque las malas lenguas decian que no eran iguales las chicas del norte cuando iban al este, al sur o al suroeste. Las frescas del mirte eran las francesas del camping de Laredo.
Beun relato de amor platónico y de la timidez del amor de los niños. Que avance bien el verano.
Lo mismo te deseo.
Mi Lolita se llamaba Marinieves, Pitusa, Marijose, Begoñita ….. pero todas estaban encima de un pedestal. Y fueron los amigos, bienintencionados, los que me las bajaban a base de reírse de Platón, contar el último chiste mal, muy mal entendido o levantando alguna que otra falda. Existen mil métodos de ser aguafiestas, cada uno tiene el suyo, pero no todos teníamos bicicletas.
Ni yo tampoco. La bici era de mi primo Manolo, que aquel verano, al que me refiero, hacía la mili en Larache (norte de África).
Gracias Ana. Te tengo que enviar la primera parte de mi relsto etnográfico sobre las Améscoas (52 hojas).
Lo intentaré en la dirección que tengo. La mía es jerela49@gmail.com.
besos.
Qué bien, Jesús, aquellos amores que nos avergonzaba, bah, a mí las chicas. Todos pasamos esos momentos.
Menos mal que la canción del verano no era «el vino que vende Asunción…» 🙂
Beso
Muy ingeniosa. A Mariasun la conocí ya madurito (lo mío me costó) y tras varios fracasos sentimentales. Las de Bilbo eras muy duras de pelar.
Besos
Me has metido en tu cuento, con tu minuciosa descripción he conocido a Lolita, el lugar y a tu amor por ella.
Muy nolstálgico y romanticón.
Suerte, tocayo
Pues hoy las autopistas han borrado muchas de esas cuestas de bicicleta y hacen difícil reconocer los lugares.
Gracias por comentar.
Jesús Alfonso, a través de esa crónica de una vida nos detallas el lugar y sus costumbres. Suerte y saludos
Hola Cala, que tengas buen comienzo de curso y gracias por tu comentario.
Un relato con aire nostálgico, otros tiempos, otra mentalidad, pero las mismas pasiones. Me ha gustado mucho, Jesús. Aprovecho la ocasión para felicitarte por tu relato del mes pasado que estuvo durante un tiempo inaccesible a los comentarios. Abrazos y feliz verano.
Gracias Salvador. Nunca lograré dominar las reglas de uso de este blog. las rutinas para corregir estos bloqueos me las dan pero al mes siguiente se me olvidan. Un abrazo y feliz rantrée.
Bonito relato de recuerdos, esos amores a pesar de quedarse en intenciones, o por eso precisamente, dejan una huella muy profuenda.
Besos