22. Los elegidos
Mi padre entregó su vida en la estación de tren a hora punta. Le dijeron que iría al cielo. Antes de apretar el botón, gritó: «¡Dios es grande!» Miles de flores por las víctimas y los niños huérfanos en el vestíbulo. Mi hermano mayor, piloto de avión experto, también se sacrificó. Le dijeron que él era el elegido. Tras el accidente, se pudo escuchar a través de la caja negra su voz grabada, diciendo: «Pongo mi confianza en Dios». Dejó caer el aparato en medio del océano donde se ahogó él con ciento cincuenta pasajeros. Ahora me insisten para que vaya yo en mi bicicleta con unas bolsas negras y me pare frente a un restaurante. Dicen que Dios me ha llamado, aunque yo no he oído a nadie. Me prometen que volveré a ver a mi padre y a mi hermano. Yo prefiero jugar con mis amigas en el colegio. Mi madre, llorando, me abraza fuerte antes de verme partir en mi bicicleta. Cuando doblo la esquina, pedaleo veloz hasta el puerto. Tiro la bicicleta al agua y, a los segundos, se produce una gran explosión. Intuyo que las puertas del paraíso se me han cerrado para siempre.

