35. MADRE TORMENTA
Mi madre era en blanco y negro. Y, aunque de lejos se veía grisácea, nos quería igual que si fuera azul cielo o naranja fanta. La recuerdo mucho en la cocina, destacando contra los azulejos de rosetones y los botes de especias. No, no destacando. Ella siempre hacía que resaltara lo demás. Cuando la miraba tendiendo las sábanas desaboridas de tantas camas, parecían estampadas de flores, rodeando a una madre en ceniza.
Ella, que siempre lo sospechó, por nosotros, se esforzaba intentando canturrear coplillas de colorines. Pero, incluso en celebraciones, su risa sonaba en tonos grises, en medio de las carcajadas vistosas de los demás. Y cuando lloraba, ay, cuando lloraba… Era tan oscuro su llanto, que anochecía temprano y nos acostábamos todos de pena.
El día que, descoyuntados, la velábamos, le fue apareciendo el color. Empezó por las mejillas, que se le pusieron rosa muñeca. Luego, los labios, en el carmín que se mereció toda su vida. La que se dio cuenta fue mi hermana la mayor, siempre tan responsable y pendiente. Y, mientras nos lo contaba, notamos, sin querer decírselo, cómo ella misma comenzaba a nublarse, y el dorado que había tenido hasta entonces su pelo, se ennegrecía.


Me ha encantado ese realismo mágico que impregna todo el relato. Y también ese homenaje a una madre. Muchas lo merecen. Mujeres con un corazón de colores y una existencia gris.
Muy bonito .
Antes comentaba por fb, no soy consciente de lo del realismo mágico hasta que alguien me lo comenta. De partida, en mi cabeza es todo tan real y normal…
Y sí, muchas madres, si no todas, lo merecen.
Gracias por comentar.
Jo, Miguelángel, esa es la historia de tantas madres a las que cortaron las alas, y el destino de muchas de sus hijas.
Me gusta mucho la voz del narrador, adulto con un deje infantil, y también el uso de los colores: esa naranja fanta es genial.
Un abrazo y suerte.
Realmente, la de tantas y tantas…
Muchas gracias por tu comentario, Rosalía (me encanta tu nombre).
Precioso, Miguelángel. Triste y bellísimo. Qué pena que esa madre gris, deje esa herencia a su hija.
Un abrazo❤️❤️
En realidad, es la historia de tantas y tantas generaciones de mujeres.
Gracias por comentar.
Hola Miguel Angel
Bonito y colorido homenaje a esa madre que hace que lo demás brille y resalte con fuerza
Un abrazo y suerte
La mayoría de las madres son así. La mía lo era también.
Gracias, Alberto, por pasarte y comentar.
Dicen que todo lo malo se hereda, también los males que el género femenino ha arrastrado injustamente. Y que le que le ocurre a una persona termina por hacerse visible en su cuerpo.
Trste historia, que no por ficción, es menos real, con una sutil y original forma de transmitir.
Un abrazo y suerte, Miguelángel
Ganas de volver a ser blanco de tus análisis, Ángel, siempre tan certeros.
Gracias, compañero.
Lo he leído varias veces porque me ha encantado. Qué buen homenaje a esas generosas madres que renunciaron a brillar para que lo hicieran los demás. Y el final, esa continuidad en la hija mayor, tristemente perfecto.
Saludos, Miguelángel.
Muchas gracias, Pilar. Sí, somos muchos los que tenemos esa imagen de nuestras madres. Hoy, por suerte, las cosas están cambiando, pero yo no puedo dejar de agradecer el tipo de madre que me cuidó. Abrazo.
Simplemente precioso, Miguelángel. De principio a fin. Tanto la historia como la narración. Y la guinda final muy buena, aunque amarga. Como la vida, a veces.
Besazos.
Muchas gracias, Ana María. Valoro mucho tus palabras. Sé cómo escribes, ya te lo dije un día, y me gusta mucho. Un abrazo.
Bello relato con su toque de realismo mágico, como todos los tuyos.
Suerte en el concurso.
Como decía más arriba, casi nunca soy consciente de ello, hasta que alguien me lo comenta. Entonces, lo releo con otros ojos y a veces me digo, pues sí, es verdad, por fuera lo es.
Gracias, Manoli.
Mas que el acierto de «pintar de gris» a una mujer que, como tantas otras amas de casa, pasa inadvertida haciendo brillar todo lo que la rodea, me ha parecido genial el que la hermana mayor pierda también sus colores al sustituir a la madre muerta. Me preguntaba de quién sería este cuento tan bueno y al entrar a comentar lo he entendido. El gran Miguel Ángel Flores ha vuelto. Cuánto me alegro.
Qué bien volver así, Paloma. No sabes cómo me alegra que te guste el cuento. Por cierto, que no hace mucho salió tu nombre en alguna conversación…
Un abrazo grade.
Precioso. Tus relatos tienen algo mágico, que te atrapa y te llevas en volandas hasta el final, metido allí dentro, viviendo tus letras. Y luego esas madres, tan especiales, tan tuyas.
Un beso,
Carme.
Ay, esas madres, Carme, son siempre las diferentes caras de una misma. Ya tú sabes.
Muchas gracias por tus palabras y tu cariño.
Un besazo.
Qué barbaridad, querido Miguelángel. Qué vuelta por estos lares más colorida, mágica, deliciosa. Qué bien hipnotizas hasta cerrar el círculo, en un desenlace que parece que extiende el legado oscuro familiar. Enhorabuena, me ha encantado. Un abrazo
Gracias, querido Jesús. Así da gusto volver a los lugares de los que un día te fuiste.
Un abrazo, enorme.
Me ha parecido un relato precioso.
Gracias, Marta. Por leer y por decir.
Un abrazo.
Me superencanta. Es cierto que la mayoría de madres son así. Y esa hermana mayor… Menudo final redondo.
¡Suerte con él!
Saludosss
Ay las madres, ay las hermanas…
Gracias por comentar, Nuria.
Un abrazo.
Tu voz es inconfundible. Un sello de garantía. Y aunque en tu cabeza sea todo muy real, nos haces viajar a mundos de fantasía. Esa es la magia de tus letras. Qué bueno eres, puñetero.
Tu cariño es igual, Bea, totalmente inconfundible. Hasta ahora no habíamos coincidido por aquí, amiga. Qué gusto hacerlo.
Mil gracias por tus piropos.
Un abrazo enorme, mi Bea.