34. MAÑANITA
Las calles amanecieron rellenas de algodón. Nos aventuramos en aquella espesura con pasos ciegos, expuestos a obstáculos desconocidos. Mis bastones actuaban de vanguardia; vacilaba, al menos no tropezaba. Los vehículos circulaban despacio, pero sin referencias chocaban entre sí. Se oían voces, amenazas, golpes. Muy cerca, un coche invadió la acera. Después, un grito. Quedé paralizada en medio del desastre, la nada era mi apoyo. No recuerdo si el tiempo existió o lo imaginé. Cuando poco a poco se adivinaron formas y colores, el caos había tomado las calles. Aún así, nos quedó una tarde de paseo la mar de bonita.


Relato tan desconcertante como hermoso (ejemplos: “con pasos ciegos”, “la nada era mi apoyo”, “ No recuerdo si el tiempo existió o lo imaginé”…) A pesar del caos absoluto, desgracias incluidas, la lectura resulta muy agradable. Y ya para rematar, la última frase…
Gracias Edita, esto surgió un día de niebla, camino del trabajo. La mente hace piruetas curiosas.
Como dice el refrán: «Mañanita de niebla, tarde de paseo». A la climatología no le afectan las actividades humanos. Si tiene que haber niebla, la habrá, con todas sus consecuencias. Antes o después el sol siempre vuelve a salir, con caos humano al que iluminar, o no.
Un relato que muestra que la vida sigue, de una manera o de otra.
Un abrazo y suerte, Rosa
Si, aunque “nunca llueve a gusto de todos”. Hay quienes salen mejor parados después del caos. Como bien apuntas no somos el centro del universo, y el sol sale si o si!
Gracias Angel, como siempre.