34. NEGRAS Y BLANCAS
—Siéntate ahí, ahí, y cuéntate los dedos —dijo con una voz grave e implacable la maestra de piano.
La pequeña intérprete, poco acostumbrada a quedar segunda en los concursos, sollozaba tras sus dorados tirabuzones.
—Siéntate ahí, ahí, y cuenta esas gotas de lluvia –volvió a repetirle.
Aquella señora desgarbada prefirió decirle la verdad en vez de darle la razón, y por eso la muchacha se sonó la nariz y escuchó atenta.
—¿Quieres el diploma? Pues pelea por él, pero no lloriquees, que no tienes motivo, tú, niñita caprichosa. ¡Niñita triste! Tú naciste varios peldaños por encima del resto. No desprecies el segundo cajón del podio.
La cría no podía dejar de mirar aquellas manos enormes de dos colores, como las teclas de su piano, y entonces comprendió que aquella mujer de piel oscura había practicado tanto sentada al teclado, que solo las palmas de sus manos, casi tan blancas como toda la piel infantil de la niña malcriada, escaparon a los rayos del sol.


El aspecto habla de nosotros, del tiempo y de las vicisitudes, de un origen humilde o privilegiado. Todo deja huella’. Esa profesora tiene mucho que enseñar a esa jovencita, más allá de la música.
Un abrazo y suerte, JM
Gracias por leer y comentar. Se trata de una historia inspirada en Nina Simone, sobre una canción de Janis Joplin.
Un saludo
Si ya me ha gustado el relato, al saber que están implicadas Nina y Janis todavía me gpusta más.
Es asombroso cómo a veces se abre paso el talento a pesar de la adversidad.
Un abrazo y suerte.
Entonces, escucha la canción de Janis Joplin «Little girl blue».
Me alegro de que te haya gustado.
Un saludo
JM
Palmas blancas en manos negras, como las propias teclas del piano.
Me gusta esa visión de la joven, de que las tiene así de tanto tocar.
Enhorabuena y suerte
Es una imagen que le va muy bien a Nina Simone.
Un saludo
JM