OBSTINATO (IsidrøMorenø)
Sabía de la inmensidad del océano y de las dudas ante lo desconocido. Tenía realizados sus cálculos aunque no cuadraban, pero la fe es una aritmética flexible y también puede contagiarse y exhibirse. Habló con muchos, convenció a varios, realizó algunos tratos y, finalmente, contrató, firmó y prometió enormes beneficios a aquellos que confiaran en él, consiguiendo así el vil material que casi todo lo hace posible.
Se rodeó de hambrientos de dinero, de prófugos de la justicia, de codiciosos de gloria y riquezas e incluso de sotanas ambiciosas de almas. Se hizo a la mar y comprobó que el impertérrito horizonte y el azul oceánico eran una prueba diaria de aquella pregonada fe que comenzaba a hacer aguas en las mentes de los tripulantes y, a veces, en la suya propia.
La duda y el miedo viajaban gratis. Y surgió su duda: ¿Seguir o volver? Esa era la cuestión ─que también dirían otros─.
Si regresaba, admitiría su fracaso y menosprecio por su fe harto promulgada.
Si continuaba rumbo a lo desconocido, su fe triunfaría, bien como loco o bien como héroe visionario.
Cuando Rodrigo gritó, “¡tierra!”, todos agradecieron a la providencia, pero Colón sabía que era su fe.

