REGOCIJO (Juan Manuel Pérez Torres)
Aquel año, el árbol de la plaza del pueblo se llenó de pájaros. Que si el cambio climático, que si una segunda primavera, que si las aves migratorias… Se oían trinos de canarios creando melodías con los alegres gorgeos de alondras y ruiseñores, y la algarabía de los jilgueros silvestres se acompasaba con los arrullos y los zureos de las palomas. El canto melodioso del mirlo tranquilizaba a las ruidosas cotorras y el piar de chamarices y verderones proporcionaban ritmo, hermanando timbres y tonos. Hasta el zorzal del bosque se vino al árbol. Los paisanos charlaban conjeturas durante sus partidas de dominó o mientras cantaban las cuarenta en bastos. Decían los más viejos del pueblo que llegaron a verse hasta gaviotas aquel año.
Desde entonces, por estas fechas, se celebran fiestas en el pueblo y adornamos el árbol con luces de colores, ponemos música en las casas y cocinamos pollos, perdices, pavos y pulardas. Rememorando la llegada del primer gorrión a nuestro pueblo, nos ponemos alas en su honor y festejamos la efeméride poniendo un arbolito adornado con luces intermitentes en nuestras casas y montando un pequeño nido al que todos le silbamos y entonamos cancioncillas inventadas.

