36. Ritual de apareamiento.
Lo esperó inmóvil, con el vientre tenso de anticipación. Sabía que vendría. Todos vienen. Siempre.
No por ella, sino por el eco de algo antiguo que nadie recuerda, pero todos obedecen.
Él caminó sin darse cuenta de las señales: el aire quieto, los restos de otros. Entró. La tocó, y ella lo dejó hacer.
Lo recibió en silencio, envolviéndolo sin manos, sin prisa. Cada roce era una atadura invisible. Cada suspiro, un nudo nuevo.
Él no entendía por qué su cuerpo se volvía pesado.
El amor sucedió como debe: con lentitud, con saliva, con fuego. Él se rindió todo. Ella lo rodeó con sus piernas largas, lo inmovilizó con caricias exactas, y cuando él cerró los ojos, creyendo que dormía en brazos de una diosa, lo atravesó.
Sus hijos, dormidos hasta entonces, despertaron uno a uno, hambrientos, ordenados.
Descendieron del techo como gotas, rodeando la ofrenda. Con cuidado, ella recogió los restos blandos y los repartió con ternura.
En la penumbra, bajo las hojas, una viuda negra se relamía las patas.
Tejió una hebra nueva.
Y volvió a esperar.
Nuria, me encanta cómo mantienes la tensión hasta el final, cuando desvelas de quien estás hablando. Eso, y lo maravillamente escrito que está, como siempre.
Un abrazo y suerte.
*maravillosamente
Hola Rosalía, muchísimas gracias por tus bonitas palabras. Un abrazo muy grande. 💗
Nos vas envolviendo en la telaraña de tus palabras hasta descubrirnos al final por dónde van los tiros. Espero que seas algo más benevolente con nosotros, inocentes lectores, que tu prota.
Hola Edita, jaja. Yo soy una santa comparada con mi protagonista, pero como madre que soy, me veo muy capaz de hacer lo que haga falta por mis crías. Un abrazo y gracias por pasarte y comentar.
Muy buen relato, Nuria, como no podía ser de otra manera siendo tuyo. Y precisamente con el bicho que más aprensión me da de todos. No me gustaría estar en la piel de ese «araño».
Un besazo.
Gracias bonita, a mi también me dan especial aprensión las arañas, qué tendrán las pobres para provocar esos sentimientos. Un besazo 💗
Muy bien llevado. Me gusta que en una segunda lectura, aunque haya perdido el «misterio», mantenga la fuerza y el interés.
Un apareamiento.entre arácnidos contado con elegancia, eso hay qie saber hacerlo. Las leyes de la naturaleza dictan, en este caso, que el macho debe ser sacrificado en pro de la prole, para su sustento y el de la madre, una vez cumplida su función, curioso conportamiento de las viudas negras o también de las mantis religiosas, pero que tiene su lógica: matar para dar vida, sacrificio por un bien mayor.
Un abrazo y suerte, Nuria
Muchas gracias Ángel. Es un placer siempre tu opinión.
Un abrazo enorme 💗
Hola Sara, muchas gracias por pasarte y comentar. Me alegra que de segundas, siga, para ti, manteniendo el interés. Un abrazo.
¡Qué maravilla Nuria! Lo que cuentas y como lo cuentas. Tensión, sensualidad y un final perfecto como colofón.
Desde luego te estás convirtiendo en una magnífica escritora.
¡Enhorabuena!
Un abrazo
Cuánto me alegra que te guste, Gemita. Un beso muy grande ❤️
Ayyy, ya cuando vi la palabra «vientre», y con lo aracnofóbica que soy, supe por dónde venía la cosa… A medida que leía, se me erizaban los vellos de la nuca… Te admiro, Nuria, por haber sabido escribir, y tan bien, sobre el bicho que más espanto me da… No me gustaría estar en la piel de ese macho, que más que «consorte», es «con mala suerte», por decirlo de alguna manera…
Así de cruel y de sabia es la naturaleza en el mundo arácnido…
Un abrazo grande,
Mariángeles
Muchas gracias, Mariángeles, por pasarte a leer y comentar. Reconozco que a mi también me da escalofríos, jaja.
Un abrazo.
Nuria, describes una danza del amor, que acaba con la muerte.
También la madre ha de alimentar a su prole.
La naturaleza se equilibra de esta manera.
La tensión narrativa crece con el impactante final.
Mucha suete
Muchas gracias Miguel Ángel, por leerme y comentaré. Esta dichosa naturaleza y sus caprichos.
Abrazos
Qué micro tan bien construido. Tensión muy bien mantenida durante toda la historia, carga de misterio, erotismo y oscuridad, y un final que te deja con escalofríos, mientras imaginas cómo se comen los pequeñines al último ejemplar que cae en las redes de su querida madre. Mucha suerte, Nuria. Un abrazo
Gracias, Jesús por tus palabras. La verdad es que si, da escalofríos, pero es cierto, mientras me documentaba del modus operandi de estos bichejos, se me ponían los pelos de punta.
Un besazo.
La vida y la muerte andan cerca. Es inquietante y turbio, poético y tierno. Todo a la vez.
Muy bueno!
Muchas gracias, Rosa, por tus palabras.
Me alegra muchísimo que te haya gustado.
Un abrazo grande.
Cómo me gusta el micro que has escrito, entre erotismo y repugnancia. Está muy bien llevado desde una escena de sexo hasta el asco con esos hijos cayendo del cielo para comerse a la presa. Lo que sea con tal de alimentar a la descendencia. Así es la vida. Mucha suerte, Nuria. Un abrazo fuerte.
Hola, querida Aurora.
Me alegra muchísimo que te haya gustado mi micro, y agradezco tus palabras. Un ritual, desde luego, exótico y repugnante a la vez.
Un abrazo enorme.