60. Sandalias
Asco, rabia y un peso excesivo. Era lo único que recordaba y repetía sin descanso. Todo lo demás eran sombras. Nada que ayudará a la investigación.
El tiempo reactivó detalles; en sueños y momentos donde la memoria herida rebuscaba. Pero todo se volvía espesa niebla.
Rehacer su vida aceptando la cercanía de hombres le resultaba insostenible. Así, en las citas que las amigas le preparaban, siempre estaba buscando la salida más próxima.
Germán fue el punto de inflexión. Era agradable, la hacía reír, escuchaba con tranquilidad y no invadía su espacio.
Tras meses de calma, fue ella la que contacto pieles y labios, avanzando hasta la primera noche febril.
En el descanso tibio, ella tuvo una necesidad y preparó unas copas.
Él cayó intensamente dormido.
Cuando despertó se descubrió atado. La tenía en frente con las ropas que nunca tiró por no sentirse derrotada.
En su mano, unos alicates brillantes y fríos como instrumento quirúrgico.
Los gritos rellenaron la habitación mientras las manchas rojas decoraban su vestido blanco.
Se acercó a su oído mientras le mostraba el pulgar, todavía caliente, con esa uña negra que le había resucitado toda la claridad.
Le susurró: “Nunca debiste llevarlas”.


Dicen que el demonio está en los detalles y que la venganza se sirve en plato frío. Tu protagonista cumplió ambas máximas. En su vida hubo un antes y un después tras una agresión con shock incluido, que todo lo volvió sombras y niebla, pero la memoria no olvidó ciertos detalles: una uña negra y unas zapatillas. Primero, el descubrimiento, después el plan calculado, con una tortura medida, que quien sabe hasta dónde llegará.
Un relato dinámico, con puntos y aparte que hacen que ayudan a asimilar las sucesivas descripciones, hasta llegar a un desenlace dramático.
Un abrazo y suerte, Javier
Gracias, Ángel, como siempre por tu comentario.
Muchos abrazos
Espero que no se quede solo en haber cortado ese pulgar negro (que las sandalias dejaron al descubierto).
Muy bien expuesta la trama, poco a poco, para llegar a esa venganza que, aunque no va a compensar lo sufrido, le permitirá sentirse algo mejor.
Muy negro, Javier.
Un beset,
Carme,
Hola, Carmen.
Sí es bastante negro, pero no había otra.
Gracias y besetes.
Lo que no sé es cómo tuvo las narices de acostarse con él aunque solo fuera para vengarse. Pero bueno, la mente embotada por el dolor es lo que la llevó a ello, imagino. Mucha suerte, Javier. Un abrazo fuerte.
Bueno. es que lo descubre a posteriori.
Gracias, aurora. Besetes.
Hola,
Que texto tan listo. Dice mucho en poco y genial el detalle de que el título tenga un papel tan importante.
Me gustó mucho como pintas la primera parte.
El desenlace me fascinó .
Hola, Hugo.
Me agradan esos comentarios, por ahí andaban los intentos.
Abrazotes
Paisano, me encantan las historias que acaban bien!
Un abrazo y suerte.
Paisana, me encanta tu simpático comentario.
Gracias y besetes.
Muy buen llevado todo el texto hasta la sorpresa final. Enhorabuena, Javier
Gracias, Sergio.
Esa era la propuesta, como un desenlace de historia negra, pero en corto.
Abrazos