47. Sentir unos colores (Alberto Benito Fernández)
Ya hace más de un año que la corriente arrastró calle abajo al amor de su vida. Sí, allí fue, en el barrio de La Torre, en el mismo lugar en el que vieron crecer juntos a Francisco Javier.
Con qué cara de felicidad iba cada tarde a entrenar a Paterna, con sus ojos de pillo y la mochila repleta de ilusiones. Y los dos se miraban contentos, satisfechos de comprobar que el nano se estaba convirtiendo en un hombrecito rebosante de talento.
Disfrutaron de cada logro en su carrera: del debut en su tierra, de la triste final que le aupó a la élite, de su etapa en Italia, de su regreso, y de todas sus idas y venidas hasta que colgó las botas. Con ese crepitar de orgullo de familia unida.
Pero años después, en esa tarde maldita de largas sobremesas, nubes negras y coches flotantes, vio desde la azotea cómo la cruel riada le robaba al pilar que sustentaba su vida. Francisco Javier y ella, desde entonces, lo lamentan cada segundo.
Aunque hay algo que sigue uniendo sus almas: bajo esa capa de dolor y rabia, cubierta de lodo, sus corazones nunca dejaron de ser blanquinegros.


Triste historia de ficción a partir de una durísima realidad, que no fue menos trágica y dura ocurrida hace casi un año, más terrible aún cuando queda el resquemor de que podría haberse evitado, o suavizado algo sus consecuencias.
Un relato lleno de contenido humano y con compromiso social, marca de la casa.
Un abrazo y suerte, Alberto.
Muchas gracias por pasarte a comentar, como siempre, Ángel. Pues sí, muy triste la historia. Con escenarios reales, y cuyos protagonistas también pudieron haberlo sido. De hecho, está inspirada en un personaje real nacido en ese barrio, y que triunfó en el fútbol valenciano, aunque no me consta que perdiera a su padre ni a ningún familiar en la triste riada de hace más de un año.
En fin, una manera de recordar a las víctimas de aquella tragedia.
¡Un abrazo, y suerte para ti también!
Ohhhh, Alberto, qué triste. Y lo que más pena da es pensar que el trasfondo no es ficción.
Un abrazo.
El trasfondo no es ficción, desgraciadamente, Ana María. Más de un año después, aún tenemos muy nítido ese triste recuerdo. Pero me comprometo a escribir algo más alegre para la próxima… tiene que haber de todo. Muchas gracias por dedicar tu tiempo a pasarte por aquí y leer la historia de Francisco Javier y sus padres. ¡Un abrazo de vuelta, y mucha suerte con tu flash!
Hola, Alberto.
Maldita sobremesa, ojalá la vida le devuelva todo el daño causado.
Gracias por no olvidarlo.
Un abrazo y suerte.
Hola, Rosalía.
Lo acontecido aquella tarde no se debería olvidar nunca, y la intención de este texto es tenerlo muy presente, casi catorce meses después.
Fuerte abrazo de vuelta, y suerte para ti también.
Hola tocayo:
Me gustan los relatos comprometidos. Y este, además de tocar un tema tan duro, lleva un hilo conductor muy original y apropiado: los colores de la camiseta Valencianista.
Amunt Valencia !
Un abrazo y suerte
¡Hola, tocayo!
Tenía dudas sobre si se iba a entender este guiño al cor blanc i negre del valencianismo, pero me alegra mucho comprobar que lo has captado. Gracias por el tiempo dedicado a tu análisis y tu comentario.
Abrazo, suerte, y Amunt Valencia.
PD: Por cierto, hilando aún más fino, ¿sabrías a qué jugador del barrio de La Torre me podría estar refiriendo?
Puede ser… Farinós?
Lo clavaste, Alberto.
Has demostrado un nivel avanzado de valencianismo, jaja.
¡Un abrazo!
Uff, Alberto, ahí has tocado herida. Triste historia completamente real, añada o no ficción a la trama. Original la manera de conducirla a través del fútbol y de sus colores. Un abrazo fuerte y mucha suerte.
Muchas gracias, Aurora. Es una historia muy triste, que nos apena e indigna a todos, y especialmente a los valencianos y valencianas, que la vivisteis muy de cerca. Nunca debería quedar en el olvido. Te mando un fuerte abrazo de vuelta, y mucha suerte para ti también.
Nunca se olvidará esa tragedia evitable (al menos en gran parte) si no fuera por «esa tarde maldita de largas sobremesas». Poco les pasa.
Gracias por este relato que nos lo mantiene presente. Y bien jugados los colores.
Un beset,
Carme.
Muchas gracias, M.Carme. Por la parte que me toca, y la de mi entorno, ten por seguro que esta historia no quedará en el olvido. Y en cuanto a los colores, tenía que hacer un guiño al equipo que sigo desde que mi tío me llevó a conocer Mestalla (por aquel entonces, Luis Casanova) a mis cinco añitos. Lo del blanco y negro venía que ni pintado.
Beset de vuelta,
Alberto.
Buenísimo, como siempre, y con carga social, basándote como trasfondo en la aciaga jornada en que todo se convirtió por tierras levantinas en corrientes de barro. Me gustó, Alberto, un placer leer tus micros Entecianos durante este año, y un gran cierre que me hace decir: Amunt València! Un abrazo
Gracias por tu comentario, querido Jesús. Ya sabes, si no toco algún tema social, aunque sea de refilón, como que me falta algo. Qué te voy a decir que no hayas leído ya.
Igual te digo, otro año enteciano que consumimos, y de nuevo ha sido un placer leer tus micros. Vamos a por el siguiente.
Amunt València, y abrazo de Madrid Sur a Madrid Sur.
La literatura si además de entretener es también una herramienta de reivindicación y denuncia social pues bien venida sea. Al leer tu relato he ido sintiendo la tristeza por la pérdida y la rabia por la mala gestión y posteriores comportamientos indecentes y delictivos, porque no decirlo, de quienes tenían una responsabilidad política.
Gracias por recordar
Un saludo
Gracias a ti por comentar, Gema.
Efectivamente, se intenta entretener y reivindicar a partes iguales, no sé si siempre se consigue.
¡Un abrazo, y suerte!