26. Teoría
Siempre me había parecido fascinante la caja de la costura, sus bobinas deshechas y embrolladas, los recortes de puntillas de encaje, botones de todos los tamaños y colores, el acerico lleno de alfileres… hasta que un día caí dentro… no preguntéis cómo, pero sucedió, y entonces me vi en una situación terrible y complicada. Aquella maraña de texturas se convirtió en una trampa, en una jungla espesa y agobiante de la que no podía salir, era yo sola ante semejante embrollo. No me paré a pensar, no quise saber cómo había llegado hasta allí, busqué la cinta métrica, que era lo que necesitaba, tiré de ella, como quien extiende una hermosa alfombra, la agarré con fuerza y salí. Cerré los ojos, cerré la caja y al día siguiente me enfrenté a lo que era inevitable si no quería sucumbir al desastre, volqué todo el contenido sobre la mesa, recorté nudos, enrollé los hilos en cada bobina, metí los botones en bolsitas… vamos, que lo que era selva lo convertí en oasis… y en ese instante descubrí, con mucho gusto, que era absolutamente posible poner en orden el caos.


¡Ay, la caja de costura! Cada vez que la ordenas, lo bien qué queda y qué poco dura. Nunca se me pasó por la cabeza caerme dentro, pero ahora no podré olvidarme de tu prota cada vez que acceda a ella. Ja ja ja. Un buen ejemplo de caos.
Ya caigo! Tengo que ordenar mi cajas de costura, por si acaso. Una forma muy original para concienciar que el caos no lleva a buen puerto.