14. TONOS DE GRIS (Jesús Alfonso Redondo Lavín)
Conducía desde Villarcayo su Citroën 11-ligero. La niebla, tan espesa como un edredón, la disipó un fogonazo de luz cuando llegó al alto.
Paró el motor y se apeó junto al letrero que ponía LOS TORNOS 920m.
Se quedó mudo ante el cambio de paisaje. A su derecha el alto de Zamina, que cubría con un verde canoso sus turberas. De frente el brusco descenso escondía las curvas en zigzag de la carretera entre árboles de verde militar.
El sol, desde su derecha, iluminaba entre los tapiales los prados mostrando tonos verdes según las siegas. Los había de “manzana” en los recién segados, “pistacho” en los prados de altura y variedad de tonos “pasto” en los demás.
Por todos lados cabañas solitarias y animales de tonos rojizos y frisonas pacían tranquilos en las laderas.
Finalmente, a lo lejos estrelló sus ojos contra un mar azul “cerúleo” rayado de espuma junto a la costa y “añil” en el horizonte lejano.
Entusiasmado sacó del capó su KODAK-616 JUNIOR; la armó sobre el trípode y con la perilla en la mano esperó el momento más propicio de luz; y ¡plas!
El enjambre de colores quedó impreso en su película de blanco y negro.


Falta decir que esa foto, tanto en blanco y negro como en color, representa una décima de segundo de la historia de tu vida. La memoria, como la imaginación y la inteligencia la cubre de colores y sensaciones que vaya usted a saber de dónde salen. Buen relato que nos obliga, con ironía pero sutilmente, a centrarnos en la realidad.
Gracias Miguel. Me gusta ese puerto de los tornos. De los que son puerta de Cantabria es el que más te sorprende por el cambio brusco del paisaje.
Hermoso tu micro, Jesús, describiento tonos y colores como el más experto pintor. Aunque, en mi opinión, la naturaleza, al igual que el retrato, quedan muy elegantes y hasta misteriosos en la fotografía en blanco y negro. Es en nuestras retinas donde permanece grabada para siempre la belleza de los colores, y eso es lo que de verdad importa. Enhorabuena, guapo, y un abrazo.
Gracias Puri. Es cierto el blanco y negro da un toque de misterio, sobre todo en el retrato. Los colores tapan el alma.
El color que no aparece en una fotografía antigua, salvo los tonos grises y el barniz amarillo deltiempo, lo completa más que con creces tus hermosas descripciones, surgidas de tus recuerdos, que al compartirlos hace que casi sean un poco nuestros, también.
Un abrazo y suerte, Jesús
Ángel, como siempre, gracias por pararte a leer mis historias. Cierto que me costó encontrar un tema para Blanco y negro.
Preciosa la descripción, me han encantado sobre todo esos variados tonos de verdes y lo de estrellar los ojos contra el mar.
Una pena que el carrete fuera en blanco y negro, pero también es verdad que, por mucho que uno se esfuerce, a veces las fotografías de los paisajes no consiguen hacer justicia al original, así que con tener un recuerdo de ese instante para estimular la memoria, es suficiente.
Un abrazo.
Ana María, gracias por leerme. A mí me gustan más en blanco y negro los rostros que los paisajes.
Jesús, que bien escrito está tu micro, dan ganas de coger el coche e irse a ese puerto que tan bellamente has descrito. Pero fin, parte de los recuerdos de nuestra vida ha sido son blanco y negro. Por suerte el color permanece en nuestra retina.
Un abrazo y suerte
Gracias por tu comentario Rosalía. Pues anímate, haz esa ruta y veras como alegras el ojo.
Qué buen giro contrario al esperado. Generalmente todos vamos de la falta de color, del blanco y negro a los colores. Tú en cambio, le das un toque más original y haces que ese abanico multicolor quede impreso en una fotografía en blanco y negro. Mundial. Mucha suerte
Hola Izaskun, gracias por pararte a leer mi relato y a comentarlo.
Muy interesante ese juego con los colores que luego desemboca en la paradoja final. Tras la última línea, el título se ilumina de significado. Saludos y suerte.
Hola Antonio. Espero que nada me impida, este próximo año de acudir a la reunión. Tengo gana de veros. Gracias por comentar.