63. TRAMPANTOJO
Mi padre me llevaba allí de vez en cuando. Recuerdo sus palabras: “Aquí todo es un engaño, la gente, animales, paisajes, objetos no son de verdad”. Yo no entendía lo que quería decir porque a mí me parecían reales y no se parecían a las trolas que nos contábamos entre las amigas. Así es que empaticé con esas mentiras porque me hacían volar la imaginación.
Solo cuando empecé a estudiar Bellas Artes me di cuenta de la farsa de la que hablaba mi padre.
Tuve que volver a visitar el Museo del Prado y ver que aquellos cuadros eran la mentira más deliciosa y artística que pueda existir. Sí, en una superficie plana había volúmenes, distancias, formas, colores, lejanías, miradas y emociones. Universos paralelos donde soñar, imaginar, gozar.
Ninguna mentira es buena pero los artificios creados para «hacer volar la imaginación» creo que podrían considerarse en un nivel aparte, si no, ¿qué sería de nuestros microrrelatos?
Un abrazo, Encarna.
Totalmente de acuerdo. Indulto para el arte y la literatura si mos permiten volar sin tener alas.
Un abrazo Ana María
Bello, breve y artístico. Todo un grito para reivindicar la realidad del arte, en este caso lo cuadros, y también podría valer para nuestros amados microrrelatos. Bravo, Encarna
Ana María, grande tu micro como los son los comentarios de Ángel. ¡Cuánta verdad! La imaginación al poder, y sobre todo ahora con tanta IA. Saludos
Apareció la mentira artística. Esta, por mi parte, está indultada.
Por supuesto Edita. Son mentiras que no tienen condena porque el arte nos permite soñar.
Un saludo
Una pintura es una representación de la realidad. Por fiel que sea (y muchas veces no lo es), tiene una parte de interpretación inevitable y, por lo tanto, de manipulación, por no decir de mentira en el estricto sentido, ya que, como los trampantojos, figuran lo que en verdad no son. Todo lo sabemos, pero qué poco nos importa que nos mientan, más si es con arte.
Un abrazo y suerte, Encarna
Gracias Ángel por tu comentario.
Aunque sea una representación de la realidad, un cuadro es una gran mentira, porque donde vemos un árbol no lo hay. Aunque a nuestra mente le encanta recrearse en esas imágenes.
Un saludo
La mente humana, capaz de crear mentiras.
Es evidente que las de este tipo son disculpables y necesarias. Es una forma de evasión muy sana, no hace daño a nadie y deja una huella a lo largo de la historia que nos ayuda a conocernos.
Muy atinado!
Gracias Rosa. Hoy mismo he oído en la radio de un libro titulado «El día que inventamos la realidad», como si lo que realmente fuera mentira es la realidad que hemos inventado. Para reflexionar.
Un abrazo
Un relato que es a la vez una reflexión filosófica. ¿Qué es lo real? Mucho ensayo hay al respecto. Nos quedamos con esas visitas infantiles a un lugar tan mágico como el Prado. Saludos y suerte, Encarna.
Bello, breve y artístico. Todo un grito para reivindicar la realidad del arte, en este caso lo cuadros, y también podría valer para nuestros amados microrrelatos. Bravo, Encarna