21. Un beso en la frente ( Fernando García del Carrizo)
Tras años de adicción, robos, mentiras y calle, había perdido la fe en el ser humano y en mí mismo. El único objetivo era encontrar una última dosis para sobrevivir hasta la siguiente. Durante uno de mis monos, gracias a una trabajadora social, me trasladaron de urgencias a un piso llevado por voluntarios. Del frío de la selva, entré en el calor de un hogar. Un día, le pedí una aspirina para el dolor de cabeza a una abuela de las que allí vivía. Me la trajo junto con un vaso de leche calentita y un trozo de bizcocho casero. Y así, de la manera más simple, consiguió desarmarme y deshacer todas las barreras que había construido en mi vida para protegerme del odio y el desprecio de los demás. Noté que mi corazón volvía a latir de nuevo y las lágrimas brotaron a raudales. Todo gracias a un gesto sencillo y desinteresado.


Dicen que los gestos pueden ser poderosos. Una pequeña acción desinteresada y bondadosa, incluso una sonrisa sincera, puede hacer una fisura en la muralla más firme.
Un relato esperanzador, porque la fe se pierde, pero también se recupera.
Un abrazo y suerte, Fernando.