11. UN ESPACIO PROPIO
Todo era comunión en mi casa. Tal vez fuera cuestión de espacio. Compartíamos un único armario en un remolino de trajes con corbata, pantalones chicos, vestiditos con nido de abeja y faldas repletas de luto.
Un cajón, dividido en cuatro, ordenaba las facturas, las recetas familiares, mis notas y las de mi hermana y las fotos.
Tan solo un mueble del comedor estaba vacío. Allí nadie guardaba nada. En ese aparador, mi madre soñaba colocar una cubertería de plata, una cristalería de cristal fino … y solía decir lo bien que iba a quedar en la casa nueva. Aunque de vez en cuando, en él, aparecía un billete de lotería. Tal vez fuera cuestión de fe.


Las posibilidades matemáticas de acertar en la lotería son muy escasas, por eso comprar un décimo es ciestión de fe, a sajiendas de que el dinero no hace la felicidad, perl ayuda a cumplir algún sueño, como los de la madre de la familia de tu relato.
Un abrazo y suerte, Begoña
Hola,
Me gusta mucho la idea de ese mueble, materialización del rincón que todos llevamos dentro para guardar la esperanza.
Son tiempos complicados para llenar ese mueble.
Enhorabuena y suerte.
Ese mueble es un espacio de veneración para la madre, una esperanza de ver cumplido el anhelo de no tener esas facturas resaltadas (en el texto y en los cómputos del día a día familiar).
Bien contado, Begoña.
Un beso,
Carme.