9. SESIÓN CONTINUA (PURIFICACIÓN RODRÍGUEZ)
Llegué con la película a medias y, a oscuras, a punto estuve de estamparme contra un pollo de patas largas y educación corta que se empeñó en no levantarse de su asiento para dejarme pasar al mío.
—¡Empezamos bien!—pensé mientras me sentaba, sacaba mi sandwich y decidía que vería el principio de la película cuando terminara la siguiente. Entonces había sesión continua, butacas sin numerar y bocadillos para pasar la tarde.
En la pantalla salía una familia rica que se metía en unos líos estúpidos, lloraba por tonterías y encima pretendía darnos pena a los del patio. A mí, más pobre que las ratas, no se me movió una ceja.
Debí dormirme, porque cuando abrí un ojo perezoso, corría por la película un alienígena detrás de una humana medio tontita demostrando que, para venir de una civilización muy superior, tenía un gusto francamente deleznable.
—¡Ya les vale a los del espacio exterior!—me dije, mientras el cosquilleo del sueño volvía a invadirme sin remedio.
No sé si fueron mis ronquidos o el final de la sesión, pero me echó de allí el pollo con uniforme encargado de desfilar por los pasillos rociando al personal con ambientador barato.
Hola Purificación. Tu escena es, era, tan real como la describes. O era el mismo cine, o todos los cines así eran. Me gustó tu patio. Buena suerte!
Me ha salido una carcajada al encontrarme a tu pollo zanquilargo uniformado.
¿En sesión contínua ponían dos pelis por el precio de una? Eso no lo viví, lástima.
Me ha encantado entrar en tu cine.
Enhorabuena.
Me acuerdo de la sesión continua como algo muy lejano, cuando era pequeña. Podías llegar cuando te daba la gana, a media película, te tenías que completar el rompecabezas faltándote piezas y luego veías el principio y comprobabas si habías acertado. Yo prefería llegar justo al comienzo, pero como me llevaban pues había que aguantarse con lo de la hora… Yo tampoco recuerdo programas dobles en sesión continua. En cualquier caso, muchos recuerdos de la infancia con este relato. Gracias. Besos y suerte.
Purificación, bueno y gracioso tu relato. Amen de testimoniar una época preciosa del cine. Suerte y saludos
Ese pollo me recordó al chiste de Eugenio en el que uno, igual, afirmaba esta en esa postura por haberse caído desde el palco. Muy divertido.
Un saludo
JM
Qué buenas eran esas sesiones continuas y con cuanta avidez devorábamos bocatas y pelis.
A los amigos más jóvenes quiero deciros que lo que os cuento es auténtico. Veíamos dos pelis con una entrada y repetíamos si queríamos. Era como una cinta sin fin. Guay total. Y a los de mi quinta, sólo una impresión personal: creo que aquel mundo que ya sólo existe en el recuerdo, tenía también su pequeña y doméstica magia. Gracias, amigos, una vez más.
Umm…
Me imagino al pimpollo con los cuellos infinitos en la camisa, y unos pantalones pata campana, marcando paquete total!
Después saldría del cine, se fumaria un Mencey todo chuleta, mientras se acercaba al bar de la esquina a tomar un combinado de Larios con coca colo.
Precioso relato de un tiempo y unas costumbres, por desgracia ya pasados…
Un beso con sabor a Sandokan.
Relato que evoca otros tiempos de las salas de cine, donde además también se podía fumar. Muy bien conseguido. Ese personajillo pollo patas largas me encanta,
un beso Purificación
Gracias, Belén. Había muchos pollos y no todos agradables. Tú, Modes, los describes muy bien, con ese aire tuyo, certero y descarado. Un abrazo, chicos.
Está claro que este mes es el de la nostalgia. Estáis consiguiendo sacar del baúl de los olvidos de mi cabeza escenas cotidianas que vivía de niño como esos cines de sesión continua y de pases dobles.
El relato está muy bien tirado. Me has llevado a casi cuando no tenía memoria y mi madre nos llevaba a ver dos películas que daban seguidas y nos ponía ciegos a magdalenas. Me gusta mucho cómo lo has explicado. Mucha suerte 🙂
Hola Puri, genial exposición de aquella época del cine donde se daba ese fenómeno; no la recuerdo, pero sí que me han hablado de ella mis padres y otros familiares. No importaba la hora de entrada, solo ver la peli y si llegaban tarde se mataban a recomponer las escenas…
Un beso
Suerte Puri
Rosa
Purificación, que nostálgico relato. Nos daba igual ver el final de una película, te quedabas a la otra y luego la empezabas aún sabiendo el final. Te pasabas la tarde en el cine y podías entrar sin tener la edad.
Un beso
Bien evocados esos recuerdos. Yo sí los tengo en mi currículo. Felicidades, Puri
OS REITERO UNA VEZ MÁS MI AGRADECIMIENTO, AMIGOS, POR LEERME Y COMENTARME CON TANTO CARIÑO. ESTE MES TOCABA NOSTALGIA Y AQUELLOS CINES DE LA NIÑEZ ERAN EL BÁLSAMO QUE, POR UNAS HORAS, A MUCHOS DE NOSOTROS NOS AISLABA DE LA GRISURA. OTRO BESO A TODOS.
Me encantan esos recuerdos de sesión continua y programa doble. Allí, en sexta fila estamos sentados toda la familia; mi madre va sacando galletas y chocolate de un bolso sin fondo… Y, un poco más atrás, en las últimas filas, vuelvo a estar yo, unos años más tarde, interesada solo a medias en la peli… Menudo viaje en el tiempo.
Suerte y abrazos