79. Yo soy la puerta
Cambié el itinerario de vuelta a casa para evitar el quiosco de Roque, habíamos discutido y no quería verlo. Fui por la plazuela. Al pasar por la iglesia, vi la puerta abierta y me animé a entrar, hacía tiempo que no la pisaba. Enseguida, me cautivó el aroma a olíbano, el ambiente fresco, el silencio. Apenas había una docena de feligreses esperando la misa de víspera. Me senté en la última fila junto al confesionario y bajé el reclinatorio despacito para evitar cualquier ruido, pero las bisagras emitieron un chirrido traicionero que llegó hasta la sacristía. El párroco asomó la cabeza por el ventanuco que da al presbiterio y, a pesar de la distancia, vio mis pies descansando sobre el reclinatorio.
《Es para las rodillas》, refunfuñó.
¿Cómo ha podido verme?, pensé mientras me levantaba. Me acerqué al lampadario y eché un euro en la caja de ofrendas que, al caer, provocó un estruendo espantoso. Encendí mi velita. Luego, prendí otra, por Roque. Sí, para hacer las paces, estaba pidiendo cuando el párroco se asomó por el ventanuco.
《Un euro cada vela》, dijo con altanería.
No contesté. Salí por la misma puerta por donde entré, camino hacia el quiosco de Roque.


Que relato mas sentido, bien escrito y redondo. Gracias.
Iñaki, mil gracias por tu percepción.
¡Abrazo!
Antes de entrar en esa iglesia no quería ver a su amigo; al salir, fue derecho hacia él. Algo tuvo que influir ese párroco al que no se le escapaba ni una. El entorno, acogedor al principio, se volvió hostil y le hizo preferir lo que había desechado. Fe o proceso psicológico, en todo caso, propició la decision correcta: olvidar el orgullo y hacer las paces con Roque.
Un abrazo y suerte, Aurora
Muchas gracias, Ángel.
Fe o proceso psicológico, esa era la idea, estoy contenta 🙂
Recordé la famosa frase del pasaje Juan 10:9, Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos. Y dándole vueltas pensé que, quizás, la puerta para conseguir lo que queremos o hallar lo que ansiamos, somos nosotros mismos, la fe en nuestras decisiones y acciones para solventar los asuntos como, por ejemplo en este caso, volver y arreglar esa disputa con su amigo.
Pero, claro, ahí está la otra opción, muy respetable también para quien desee.
¡Abrazo!
Ja ja ja. Muy gracioso. No falla: cuanto más te esmeras para no hacer rudo o para que no te vean, peor sale. Y lo de las velitas… Qué cara es la fe. Mejor arreglar el asunto por los propios medios.
Es verdad, Edita, cuanto más cuidado se tiene para ser discreto, más ruido se hace jajaja
Y la fe sale cara sí, ay, Dios…
Mil gracias por tu comentario
¡Abrazo!
Pues al final parece que sí le funcionaron las velitas y se arregló con Roque. Me recuerda a mi mísma hace cuarenta años, pidiéndole a mi madre que, ella que tenía fe, me pusiera velas para aprobar los exámenes…
Un abrazo y suerte.
Ay, sí, Rosalía, para los exámenes, yo también las ponía. Igualmente, suspendía🤫
¡Abrazo!
Mil gracias por tu comentario, Rosalía.
¡Otro abrazo!
Ayyyy, Aurora, qué bien has descrito la avaricia y el gusto por el dinero de gran parte de la multinacional católica. A veces, hasta quieren cobrar por asomarnos a la puerta exterior y echar un breve vistazo desde ella. Un abrazo, guapa.
Es verdad, Puri, a veces hay que pagar hasta para echar un vistacillo.
Muchas gracias por comentar.
¡Abrazo!
La paz con Roque le salió gratis, ya que solo ella y nadie más podía interceder para lograrla. La fe en ella misma.
Muy bien escrito, Me gsuta
Suerte y abrazos!!
Muchas gracias, Javier, sí, al final la fe en uno mismo es un motor para tirar hacia adelante.
¡Abrazo!