Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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15. ARTE Y ENSAYO (EPÍFISIS)

En aquella película de los 70, en una sala de arte y ensayo, las escenas de desnudos y de sexo explícito, consiguieron que las feromonas de las parejas que estaban desperdigadas aquí y allá, subieran de tono. Proyectaban El Decamerón con sus historias de libertinos y mujeres de mal vivir.

Algunas, se protegían de las visiones de los mirones, tapándose con los abrigos, pero se intuía lo que sucedía debajo, por el oleaje de la tela y por los gritos ahogados y susurrados.

Otras, se daban al magreo y las manos volaban del pecho a las zonas pudendas sin recato alguno, espectadores solitarios, entre las filas, buscando las mejores vistas y sentándose en las zonas posteriores para aliviarse.

Por otro lado, mujeres de edades indefinidas, más bien talluditas, más bien pajilleras, se ofrecían al mejor postor, acuclillándose en los sitios vacíos y mostrando su catálogo de idiomas, francés, griego y cualquier otra lengua, enseñando una sonrisa de dientes que semejaban una ciudad bombardeada.

Gracias al cine de arte y ensayo, muchas parejas intimaron y les llevó al matrimonio. Mañana, cuando estés en una sala de cine, mira a derecha y a izquierda y no comprenderás como fuiste capaz.

42 Respuestas

  1. Ángel Saiz Mora

    Más que arte, se aprecia mucho ensayo en esas salas que describes, que dejan al Decamerón en un cuento para niños. Por lo que a mí respecta, en esos años yo sólo miraba la pantalla y comía palomitas y, ahora que lo pienso, la verdad es que sigo igual.
    Un relato valiente, Epi.
    Suerte y un saludo

    1. Ángel, que fácil es hablar desde la juventud y libertades actuales. Solo decirte que en mi época, ya era raro comer palomitas, como mucho en fiestas Nacionales. La escasez en todos los sentidos era la norma.
      Es pura envidia, la verdad.
      Un abrazo

  2. Ja, ja, ¿sabes qué me ha recordado tu cine? La hostia que le di a un tipejo que me metió mano viendo Alien. Estaba con mis amigas, pegando gritos de terror y el tío sentado a mi lado aprovechó un momento de mucho miedo y hala, sorpresa… Se levantó y se largó abucheado por medio cine… Ay, qué recuerdos… Me sentí como la teniente Ripley.
    Gracias por recordármelo. 🙂

    1. JM, van desapareciendo porque todo es más fácil. En Madrid, había sitios para aparcar los coches y dedicarse al magreo, sin miedo y si te quedabas atascado con el barro, te ayudaban las otras parejas. Parking del templo de Debod(debajo), la Rosaleda, Parque del Oeste, detrás de Derecho y de Medicina.
      Coches que no funcionaban, se aparcaban en sitios estratégicos como segundas residencias, casas antiguas de Madrid, Noviciado, cada habitación por grupos heterogéneos(pobres vecinos)y un váter compartido.
      Un abrazo

  3. Isabel

    Ja ja já! Eso es lo que me imaginaba que pasaba en los cines equis de aquellos tiempos.
    No sé si están todos los que están, pero los que has descrito quedan reflejados a la perfección.

  4. Blanca Oteiza

    Muy divertido relato Epi.
    Yo en los 70 no iba al cine,(es la década en la que nací) y aunque he oido hablar de estos locales no los he visto ni vivido.
    Un abrazo

  5. Je,je,je,je. Je. Que tiempos aquellos…. He leído por ahí arriba que merece usted ser felicitado, a lo cual me aplico aquí abajo porque ando, como siempre a toda leche. Suerte y un beso, Epi.

  6. Mª Belén Mateos

    Arriesgada y erótica visión de las salas de cine de los años 70/80.
    Parece ser que quien no corría volaba.
    original y conseguido relato.
    un abrazo Epi.

  7. Virtudes Torres Losa

    Madre mía. Epi, No sé qué decirte. Me he quedado ojiplástica. En el cine de mi pueblo no se podían hacer esas cosas, siempre estaba el acomodador por ahí con la linterna que molestaba más que una china en un ojo. Me has hecho pasar un rato muy divertido. Un abrazo.

  8. No sé si se daría mucho Arte… ( a cualquier manualidad se llama arte con demasiada ligereza :))
    Ahora bien, ensayos habría y muchos.
    Pero lo que más me gusta es tu oratoria, tu narrativa para hacérnoslos llegar. Cualquier ensayo sería mero periodismo sin la elocuencia de tus imágenes : “enseñando una sonrisa de dientes que semejaban una ciudad bombardeada”.

    Un abrazooo grande, Epi

    1. Amparo, con la excusa del cine de arte y ensayo, me he tragado unos bodrios infumables y salían diciendo que si tal, que si cual. Los pseudointelectuales de la época, encontraban cosas que yo nunca vi.
      Un beso

  9. Jeje, si tú lo dices debió ser así. Solo fui a ver Cuerno de Cabra a un cine de arte y ensayo, y juré no volver. Yo si que me acuerdo, sin embargo, de las “pipas, caramelos y chupachus”. En fin, que los has contado muy bien, aquellos tiempos de represión y castración, pero éramos jóvenes, jope.

  10. Rafa Heredero

    Epi. La vida sigue igual. Te lo digo desde la experiencia… de ver esas cosas ahora mismito, sobre todo en las sesiones de noche entre semana, cuando las salas están casi vacías (a veces solo con dos espectadores, que han venido de la mano). Pero tú lo cuentas mucho mejor, dónde va a parar.
    Suerte y saludos.

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