Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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15. EL MAR ESPERA (GABRIEL BEVILAQUA)

Pese a que el trasatlántico se halla a más de tres mil metros de profundidad, ni una sola gota de agua moja el interior del camarote 115. Y no se trata de que esté herméticamente cerrado, ya que sir Malcolm Whitaker, como todas los mañanas desde que zarparon de Southampton, lo abandona para tomar, por así decirlo, un poco de agua fresca sobre cubierta. El caso es que al abrir la puerta del camarote, el mar, tímido y respetuoso, permanece afuera.

Cuando el hombre regresa, la señora Whitaker le pregunta si ha vuelto a charlar con el capitán, si ha visto delfines escoltando a la embarcación, o si se ha dignado a pedirles a los pequeños que corretean por los pasillos que la visiten. Sir Malcolm Whitaker la besa tiernamente y satisface todas sus inquietudes, salvo la última. Pero esta mañana algo ha cambiado. El hombre, aún junto a la puerta, insta a los chiquillos a que entren; años se ha demorado en persuadirlos de que aquella mujer inmaculada es buena. Entonces la señora Whitaker adivina con sus manos las caritas de los niños muertos, y moja con sus lágrimas el piso del camarote.

El mar lentamente la acompaña.

57 Respuestas

  1. Paloma Casado

    Zozobra e intranquilidad he sentido al leerlo y, aunque no sepa explicar el porqué, solo los micros buenos desbaratan nuestras emociones. Me encanta.

  2. Rafa Heredero

    Vaya relato más redondo sobre la aceptación de la muerte. Cada cual requiere su tiempo. Nos haces compartir las emociones con tus protaginistas. Es maravilloso el cierre, preciosa esa imagen del mar acompañando despacio las lágrimas, también saladas.
    Suerte y saludos.

  3. Ana Fúster

    Muy inquietante este relato de muerte y amor, que pinta en la mente imágenes lánguidas con un toque de Romanticismo. Las últimas líneas son escalofriantes y a la vez bellísimas. Besos y suerte.

  4. Salvador Esteve

    Gabriel, el amor, ya lo sabemos, mueve montañas, pero con tu relato nos muestras que también apacigua océanos. Precioso, me ha encantado. Abrazos.

  5. Hola, Gabriel.

    Menuda historia nos traes desde ese camarote 115. No puedo añadir nada original a los comentarios, salvo que el final me ha emocionado.
    Es un micro magistral.
    Un abrazo.

  6. Reve Llyn

    Precioso y Poético relato. Auguro una tercera P mayúscula…Premiado.

    Me ha encantado la historia que has creado y cómo la has escrito: empapándonos poquito a poquito.

    Saludos.

  7. Gabriel al margen de la historia, ocurrente, fatídica, misteriosa, ese camarote donde no entra el mar…es la forma en que escribes. Con tanto gusto.Siempre desde que conocí tu blog estás entre mis preferidos y que no se moleste nadie jeje.Y no quiero subir egos es así.

  8. De forma inconsciente y sin recordar este texto, me salió uno que Javier Ximens (al cual se lo agradezco enormemente) me hizo notar se parecia mucho al tuyo. Ruego me perdones. El texto ya ha sido eliminado de aquí y de mi disco duro. No imaginas cómo lamento el incidente.

  9. Te va a sonar a repetido, pero es que a estas alturas del mes no se pueden añadir comentarios que sean originales: es muy, muy, muy bueno. El tema de la aceptación de la muerte se ha tratado ya en este mes, pero las imágenes que tu utilizas, con ese mar esperando respetuoso en la puerta y que finalmente se funde con las lágrimas,…. Bueno, me has dejado sin palabras.
    Suerte y abrazos

    1. Gracias, Ana. Como le decía a Manuel unos comentarios más arriba, la forma (las imágenes de las que hablas) ha de ser tan importante como el contenido si uno aspira a escribir algo de cierta relevancia por mínima que ésta sea.

      Saludos cordiales

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