Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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19. Algo interminable (Ginette Gilart)

Todavía se percibía, a lo lejos, el ruido de los cañones en la batalla. Sin embargo, por la radio, habían anunciado el final de la contienda: «la guerra ha terminado», así acababa el comunicado que leyó el locutor. Solo un poco más tarde el estruendo cesó.
A Primogénito, el pastor, le daba igual quién ganará, lo único que deseaba era cuidar, tranquilamente, de sus ovejas.
Pasaron unos días y como era su costumbre bajó a la tasca del pueblo a tomar unos vinos. Cuando llegó a altura del cementerio escuchó unas detonaciones. Se acercó con cautela y escondido detrás de un árbol pudo ver los cañones de unos fusiles apuntar y disparar hacia la tapia.
A partir de entonces no iba a encontrar la paz deseada, seguirían más disparos, de escopetas, de pistolas, oiría gritos y llantos amargos.

24 Respuestas

  1. Ángel Saiz Mora

    Las guerras quizá terminen oficialmente, pero los ajustes de cuentas y demás consecuencias, como las necesidades o el odio, duran muchos años, incluso generaciones, de tal forma que los ecos de los rugidos de los cañones no terminan nunca de apagarse. Un claro ejemplo puede haber sido la Guerra Civil española, que tan bien conoces. Algo tan deseable y en apariencia sencillo como la normalidad para que un pastor pueda ocuparse tranquilamente de sus ovejas se antoja a veces tarea imposible ante la complicación y el cainismo de los hombres.
    Siempre sensible, a la vez que incisiva, Ginette. Es un gusto leerte.
    Te envío un abrazo y te deseo suerte

  2. Calamanda Nevado

    Ginette, muestras ese ambiente, entre venganzas y replesalias de guerra, que tanto desasiego crea con pinceladas claras y acertadas. Suerte y saludos

  3. Maribel (Yashira)

    Ginette qué bien describes ese horror sin final, tras la guerra, la venganza y los ajustes de cuentas. Tan triste como real. Saludos y suerte.

  4. Pilar ARGILES GILART

    He quedado maravillada por tu relato. Crudo y terrible, pero tú no lo viviste en tu piel. Yo era muy niña, pero sigo teniendo como un “flash” en mi memoria, a pesar de la cantidad de años transcurridos desde entonces. Delante de mi casa había un descampado con una especie de talud, que es donde venían a fusilarlos, y recuerdo que esos días, toda la familia bajábamos al sótano y todos abrazados, tratábamos de no oir las descargas, pero las oíamos. Ya te contaré estos episodíos en la próxima ocasión. Besos Gina.

    1. Amélie

      Querida Pilar, muchas gracias por tu comentario-testimonio. Claro que en otra ocasión me contarás episodios de tu vida tan intensa, eso espero.
      Un fuertísimo abrazo…te quiero.

  5. Towanda

    Hola, Ginette.

    Así debió ser, como tú lo cuentas, y como se repite siempre tras concluir una guerra. Esas cuentas que, a pesar de todo, muchos quieren saldar. Es un relato estupendo el que nos traes este mes.
    Un abrazo muy grande y suerte.

  6. Aunque no das datos de fechas ni lugares, evocas claramente un pasado aún reciente de este país. Me gusta el personaje del pastor al que le importa un bledo quien gane, exactamente como a la mayoría, como a ese gran rebaño de ovejas que en las guerras acaba siendo pasto de las flores de las cunetas.
    Besotes y suerte.

  7. Amélie

    Exactamente, evoco ese pasado, pero también vale para cualquier guerra civil ( sobre todo).
    Gracias por pasarte, Raquel, me hace ilusión.
    Besos, guapa.

  8. Mª Belén Mateos

    Un circulo que nunca se cierra. Podrá terminarse una guerra de ejércitos, pero esas guerrillas seguirán disparando balas, odios y venganzas.
    Un relato narrado de una manera estupenda. Un beso lleno de paz.

  9. Has dado un excelente lección de historia con tu relato. De la buena, de la que se debería explicar más veces porque es de las que realmente sirven para no olvidar muchos de los errores y atrocidades cometidos. Muchas veces la calidad anda por los detalles, y tú has descrito uno a la perfección. Mucha suerte 🙂

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