Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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21. LA FRUTILLERA (Mariángeles Abelli Bonardi)

Nadie, en toda la granja, las cosechaba así: sin machucarlas, sin aplastarlas, sin hacerles perder el color que vibraba en la cesta.

Su legendaria delicadeza le había ganado el apodo que tanto la enorgullecía. Trabajaba cantando: “Para que mis niñas lleguen con toda su dulzura al frasco” explicaba, secándose el sudor con un pañuelo que yo juraba que olía a frutilla.

Fue muy raro que ese martes no viniera a visitarnos – mermelada en mano, como siempre hacía. Pensamos que estaba enferma; que había ido al pueblo a vender los dulces. Encontramos su pañuelo, rojo como nunca. Estaba en el suelo, a su lado, y olía a sangre.

22 Respuestas

  1. Jesús Garabato Rodríguez

    Hermoso y delicado relato. Una mujer sencilla que ha tratado, hasta el último momento, de hacer la labor que para ella casi era su vida con pulcritud y cariño. Así ha conseguido el aprecio de la gente del pueblo. Saludos y suerte.

    1. Sí, JESÚS. Esta frutillera realmente se ha hecho querer, y hasta me atrevería a decir que ha dejado su vida en la granja (ese pañuelo “rojo como nunca” que “olía a sangre” sugiere, a mi entender, más de una cosa).
      Me complace que este micro sea de tu agrado.

      Suerte y saludos para vos,

      Mariángeles

  2. Ángel Saiz Mora

    Las personas que disfrutan con aquello que hacen, sea lo que sea, contagian a su labor de un barniz especial, lejos de una acción puramente mecánica y rutinaria. Se hacen querer, pero quizá también son dignas de envidia por parte de algún energúmeno que nunca sabrá alcanzar esa dicha sencilla. El final invita a ponerse en lo peor, tras un comienzo casi idílico, un verdadero mazazo que transmite desasosiego. Eso hay que saber hacerlo.
    Te mando un abrazo fuerte, Mariángeles. Suerte.

    1. También hay que saber comentar como vos lo hacés, ÁNGEL querido, y a las pruebas me remito. En este mundo de hoy, que tan rápido avanza y a tantos deja atrás, se me hace que las personas que disfrutan de lo que hacen y lo saben transmitir son cada vez menos, lamentablemente, y está claro que a su éxito y disfrute no cualquiera se lo banca.

      Suerte y abrazos para vos,
      Mariángeles

  3. J u a n P é r e z

    Muy sugestivo y perfectamente redactado¿Sabes? al acabarlo tuve que ir rápido a mi despensa a tomar algo de melón y dulce de membrillo casero. Eso hace darme cuenta de lo buena y bien que te has empeñado en este ameno y breve cuentecillo.

    1. ¿Sabés una cosa, JUAN? Casualmente ayer, que me invitaron a tomar un té, fui convidada con dulce de membrillo… ¡Hace tanto que no lo como! Y como por estos lares ya se viene la primavera, no creo que tarde mucho en comer melón (¡Qué cosa rica!).

      Me encanta que te haya parecido sugestivo el relato; es que es muy sugestiva la señora de la foto, y se ve muy tentador lo que convida… ¿Cómo no contar su historia?

      Un beso grande,
      Mariángeles

  4. María José Viz Blanco

    Mucho amor puso en su tarea, tu protagonista, Mariángeles. Y tú has sabido mostrarlo con encanto y maestría. Te felicito por ello. El final, sorpresivo, lejos de aminorar la belleza de las primeras líneas, las ensalza aún más.
    Un abrazo.
    María José

  5. MªBelén

    Delicadeza y mimo es lo que desprende tu bello relato. Dedicación plena a su labor de años. Dar dulzura a las personas y a la vida que le rodea.
    Un final que no quisiéramos con ese rojo sangre y su aroma a muerte.
    Me gusta tu estilo, siempre transmites.
    Un beso Mariángeles.

    1. Muchas gracias, MARÍA BELÉN. Es un mimo para el alma saber lo que provocan nuestras letras en el otro. A diferencia del tema anterior, éste de la mujer rural me es muy cercano porque vivo en una zona que hace un culto de la fruticultura y del trabajo de la tierra, así que me fue muy fácil encontrar inspiración en la ilustración propuesta.

      Qué gusto que pese al final, la historia sea de tu agrado.

      Besotes,
      MAB

  6. Salvador Esteve

    La excelencia en su trabajo y la bondad en sus acciones crea una aureola de cariño a su alrededor, pero las envidias y otras bajezas humanas nunca descansan, rondan la vida violentando la felicidad. Hermoso relato, Mariángeles, con un final que espolea nuestra imaginación. Abrazos.

    1. Muchos soñarán con el Nobel de literatura, pero eso de espolearle la imaginación al lector sí que es un premio… ¡Muchas gracias, SALVADOR! Creo que yo no hubiera podido explicarlo mejor, y menos con tanta precisión y detalle.

      Vayan más abrazos para vos,
      Mariángeles

    1. Imposible no estar más de acuerdo con vos, CALAMANDA; si una persona asi de tierna no merece ese final, ¿Qué decir del personaje de un cuento? Qué irónico que las más de las veces, para que el personaje esté en el inolvidable lugar que merece, tengamos que segar su vida en el cuento…

      Suerte y saludos para vos,
      MAB

  7. Hola, Mariángeles, hasta que no llegamos a ese final tan enigmático, tu microrrelato es como respirar aire puro, limpio y fresco… me ha gustado, porque dejas al lector que se imagine millones de desenlaces… pero aún así, para cuándo la segunda parte? 😉
    Un abrazo y ¡suerte!

    1. ¿La segunda parte, ROSY? No había pensado en una segunda parte, pero de escribirla, ya me tocaría incursionar en el relato policial… tomo nota de la idea.
      Y sobre la diferencia entre ese principio tan “puro” y ese final tan “sucio” y “enigmático”, creo que si hubiese mantenido la pureza en el relato me hubiera salido un cuento infantil y no un micro con un final que abre a muchas posibilidades, que es lo que yo quería… ¿Ese rojo sangre en el pañuelo se debe a alguna enfermedad que finalmente le causó la muerte o es signo de su muerte a manos de otro? El final, sea uno o sea otro, a mi modo de ver, lo pone el lector.

      Más abrazos y suerte para vos,
      Mariángeles

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