Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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ENCUENTRO 19 PRIMERA RONDA

madoz 19

Esther Cuesta – Ernesto Ortega – Juana M Igarreta

Los participantes aquí señalados tendrán que publicar en el espacio reservado a los comentarios de esta entrada del blog, un relato INÉDITO de un máximo de 100 palabras antes de las 15 horas (hora local española) del MIÉRCOLES 20 DE ENERO y cuya única condición será que esté inspirado CLARAMENTE en la fotografía de CHEMA MADOZ que se adjunta en este post.

Una vez publicado no habrá posibilidad de corregir ni reeditar.

Podrán hacerse comentarios y ejerccer votos (mediante la fórmula “VOTO A + Título de 2 relatos”) después de la publicación de los tres relatos y hasta el jueves 21 DE ENERO a las 15 horas) Cualquier comentario o votación que no cumpla estas condiciones no se tendrá en cuenta e incluso podrá ser eliminada.

El resultado de este encuentro se hará público en una entrada general de la sección EnoTiCias.

54 Respuestas

  1. Pruebas en la trastienda

    Aquella zapatería cambiaba de dependientas como su escaparate de zapatos. El dueño del comercio, un tipo orondo de carácter bronco, aprovechaba los tiempos vacíos de clientela para probarse en la trastienda los últimos modelos recibidos. Como su voluminoso perímetro abdominal le impedía agacharse, obligaba a la dependienta de turno, entre otras cosas, a calzarle innumerables pares de zapatos.
    Una mañana apareció inerte, caído de bruces en el suelo del establecimiento, con sus zapatos negros sujetados entre sí por un único y blanco cordel. Tardaron en descubrir los dos cordones negros, anudados y ocultos bajo el denso pliegue de su cuello.

  2. Esther Cuesta

    Paradoja
    Regresaba arrastrando los pies y encorvando la espalda. El día fue largo, pero el camino a casa se le antojaba corto, y se dirigió al puerto. El olor a salitre inundaba sus pulmones, cuando un bulto oscuro llamó su atención. Sorprendido, observó un par de zapatos negros, acordonados juntos. Dio varias vueltas alrededor, sopesando dónde andaría el dueño y el porqué de la extraña atadura.
    Pasado un tiempo sin ningún suceso, se decidió. Se desprendió del oscuro traje, desató la corbata, y desnudo, los calzó. Le entraron como un guante, y cual sirena se lanzó al mar.

  3. De parejas y zapatos

    Todos mis zapatos han sido siempre muy independientes. Mientras uno acababa perdiéndose bajo la oscuridad de una cama o bañándose en la piscina de un hotel, su par regresaba conmigo a casa. ¿Por qué los guardas?, me preguntaba mi mujer. Decía que debería unirlos por los cordones, que un zapato sin su pareja era como un Bonnie sin Clyde o como un Tom sin Jerry. Pero a mí no me importaba ponerme un tenis con un mocasín o un castellano con una bota de montaña. El día que se marchó, abandonó en el armario todos los pares del pie izquierdo.

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