Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

Single Blog Title

This is a single blog caption

24. Problemas diminutos (Juan Antonio Vázquez)

La lógica de la vida se les escurrió de entre los dedos cuando el médico sentenció a su hijo a una enfermedad de nombre impronunciable que le impediría crecer demasiado. Abandonó la ciudad y escapó a las montañas: a una masía solitaria y destartalada anegada de árboles y campo. Con el dinero que sacó de la venta de su vieja casa compró dos vacas y un arado. Bien temprano lo trajinaba, incansable, y todas las noches con unas tijeras de podar desmochaba ─solo un poco─ frutales y jaramagos. En septiembre tras la vendimia empezó, mientras su retoño dormía, a recortar serrucho en mano y de consuetudinario la infinitesimal parte de un suspiro de las patas de las sillas y los armarios. Con el mismo tesón que manejaba la azada remetió furtiva una y otra vez los bajos de su pantaloncito estampado de patos y se encargó de lavar hasta hacerlos menguar unos zapatos que el pequeño no se ponía porque siempre corría felizmente descalzo. Y los días que la recolección no le dejaba fuerzas para seguir empequeñeciendo aquel mundo y aparte que había creado, sonreía al ver cuánto había estirado su hijo mientras le cantaba nanas tañendo un clavicordio enano.

25 Respuestas

  1. Ángel Saiz Mora

    Un relato que destila sensibilidad y entrega, con una mujer que se refugia con su hijo en el campo, una vez que la “lógica de la vida” les ha abandonado. Sólo a una madre sacrificada se le puede ocurrir diseñar poco a poco un “mundo y aparte” a medida, literalmente, de un hijo que no crece, para procurarle el mayor bienestar.
    Original y bien contado, dos cualidades que, no por habituales en tu caso, resultan menos valiosas, para disfrute de quien te lee.
    Un abrazo y suerte, Juan Antonio

  2. Jesús Garabato Rodríguez

    Como se suele decir: lo que no haga una madre por su hijo. Dejar atrás una cómoda, suponemos, vida en la ciudad y retirarse a donde la razón de su vida pueda ser feliz gracias a su esfuerzo alterando, poco a poco , la triste y dificultosa, para él, realidad merece una recompensa. La sonrisa y el cariño de la criatura puede que sea suficiente. Por otro lado, pensaba que solo Javier Marías, en sus años mozos, podía usar “consuetudinario” con semejante desparpajo. Muy emotivo tu relato. Enhorabuena. Suerte y saludos.

  3. J u a n P é r e z

    Tan hacendosa apuesto a que puede llegar a ser una persona con ese derroche beatífico de ternura, que sería tu protagonista capaz de componer una caja de muñecas para vivir si menester fuera. También tiene maneras de pedagógico cuento de hadas.

  4. Martín Zurita

    Hola, Juan Antonio.
    Has capturado, de lleno, la metáfora de lo posible en este genial texto. El amor de una madre al servicio incondicional de las necesidades de su hijo. Un niño diferente. Y todo ello en mitad de la entrega al campo y lo que demanda: trabajo denodado. Alabanza de la aldea y menosprecio de la corte, que dijo un clásico. Qué acertada está en su cambio de vida la protagonista, trocando la urbe por lo rural. Las palabras, además, tan bien seleccionadas. ¿Qué más se puede pedir? Norabuena. Un fuerte abrazo.

  5. María Jesús Briones

    Con “problemas diminutos”, has creado una historia grande, tanto como el corazón de una madre dispuesto a todo por ver “crecer” a su hijo.
    Buena suerte, juan Antonio

  6. albertomorenosanchezizquierdo@gmail.com

    Desde el título hasta la última palabra es… maravilloso. genial ese mundo y aparte y esa mujer trabajadora y madre protectora con imaginación positiva. Enhorabuena!!

  7. María José Viz Blanco

    Abundo en lo dicho por los compañeros: una historia nada diminuta de una mujer muy grande, rebosante de amor por su hijo especial.
    ¡Felicidades! Un abrazo.
    María José

  8. Hola, Juan Antonio.

    Ya me enamoró el inicio: “La lógica de la vida se les escurrió de entre los dedos”, soy capaz de percibir ese sentimiento y todo el amor que se masca en el relato. Esa madre que vende todo y se va, quizá para que su hijo no sea señalado por ser diferente a la mayoría. Y ese tesón en empequeñecer su mundo para hacerle feliz es AMOR del grande, del más inmenso y desinteresado amor que nadie puede entregar salvo una madre o un padre.
    Maravilloso, Juan Antonio.
    Si te tuviera enfrente te daba un abrazo que te ibas a enterar.

  9. MªBelén

    Una belleza de historia contada con gran sensibilidad y cercanía. Una madre que se niega a vivir en un mundo que no acepta esa enfermedad impronunciable. Crear un mundo a su alrededor, donde lo diminuto aumenta, donde el amor se mide en esfuerzo y generosidad, donde lo material es serrado, remetido y lavado.
    Un relato que gusta releer para apreciar cada detalle que nos has regalado.
    Bravo Juan Antonio. Un beso.

  10. Cuando se escondían los “problemas diminutos” Ayer mismo le comentaba a mi hija la guantada que me dio una señora diminuta, cuando vio como el grupo de niñas en la que yo me incluía, le llamaron “enana”. Hoy gracias a Dios esas cosas se van naturalizando. Muy bien contada esa historia, de una mujer capaz de hacer un mundo a medida de su hijo. Felicidades y suerte.
    Besicos muchos.

  11. Salvador Esteve

    La ternura que nos transmite el relato crece a medida que mengua ese mundo físico que una madre con un amor infinito moldea para su hijo. Genial, Juan Antonio. Abrazos.

  12. Jope, lo que no haga una madre. La locura también. La idea es buena, empequeñecer el entorno para creer que crece. En fin, lo de “de consuetudinario la infinitesimal parte de un suspiro” me ha echado del relato, tengo que leer más. Suerte.

  13. Muchísimas gracias a tod@s. Una vez más me veo un poco superado por mis circunstancias personales y no puedo dedicarle a este maravilloso sitio y vuestros relatos el tiempo que me hubiera gustado. A ver si empiezo el año con otro pie y puedo engancharme a comentar de nuevo. De nuevo gracias por vuestro tiempo y vuestras respuestas. Un abrazo enorme !!!

Dejar una respuesta