Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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33. FLAMINGO (Mariángeles Abelli Bonardi)

La rosada levedad de la pluma contrasta con sus motas de pelo.
—Será de la boa de una de las tantas chicas que me piden tragos en la barra —, supone al tiempo que la desprende y tira en el tacho del baño para luego terminar de arreglarse, y no vuelve a pensar en ella hasta la noche siguiente, mientras sirve piñas coladas, cuando le observan, de forma bastante jocosa, que es obvio que sigue enfiestado.
—¡Como para no estarlo! — asegura, con estudiada complicidad, pero apenas puede pide que lo releven, y mirando su reflejo constata que otra pluma igual de rosa le nace del cuero cabelludo, que su armónica nariz se ve súbitamente ganchuda, y que al negro de sus ojos lo rodea un vibrante amarillo.
—Gajes del oficio —, vuelve a suponer, sin advertir que ha encogido una pierna y se yergue equilibrado en la otra.
Retoma su puesto en la barra y esa misma madrugada, en alas del impulso, pide traslado a Las Vegas: lo espera el magnífico casino que brilla en el afiche en la pared.

24 Respuestas

  1. Ángel Saiz Mora

    Un camarero de un local de copas pasa a convertirse en un esbelto flamenco, algo que parece no suceder por casualidad, más bien ocurre porque está predestinado a formar parte de la plantilla de un famoso, podría decirse que mítico, hotel y casino en Las Vegas, seguro que allí está su destino, seguro que así será verdaderamente feliz.
    Me gustan las palabras de tu tierra que empleas: “boa” y “tacho”.
    Una metamorfosis de lo más original, se nota tu visión especial para crear mundos y situaciones.
    Un abrazo, Mariángeles, y suerte

    1. Como siempre, ÁNGEL, te lucís con tu sagacidad: lo de la predestinación no se me había pasado por la cabeza, pero es tal cual decís; en el casino está su destino y felicidad, valga la rima 🙂

      Y como siempre, amigo, has hecho una interpretación más que precisa de los avatares de mi personaje, ahora un flamenco enfiestado.

      Me complace que el mini te parezca original y que te gusten las palabras “argentinas” (lo de “tacho” es fácil, pero no sé cómo le dicen ustedes a la boa de plumas que suelen usar las mujeres de los cabarets y los casinos).

      Te mando un beso grande.

      Cariños,
      Mariángeles

  2. Beto Monte Ros

    Ese flamenco, en el desierto, siempre me resultó extraño. Ahora nos cuenta una de las posibilidades de cómo llegó allí. Me gusta la manera de narrar la metamorfosis del camarero. Buen relato, suerte.
    Saludos.

    1. ¿Sabés, BETO, que tenés razón? Los flamencos y los desiertos “no cazan”, no pegan ni con plasticola, pero ya ves, no por nada se dice que toda regla tiene su excepción, así que aquí estamos, enterándonos de cómo llegó nuestro flamenco al Flamingo (“No pun intended”, como dicen los ingleses ;))

      Y si te supe narrar la metamorfosis del camarero, me doy por bien servida.

      Cariños,
      Mariángeles

  3. Ana Fúster

    Muy imaginativo tu relato, me ha encantado lo de la pluma rosa en el pelo porque al principio me ha despistado mucho. Y bueno, igual con esta metamorfosis el chico hasta salió ganando, un flamenco es una animal muy hermoso y además ha encontrado trabajo a la primera. Besos y suerte.

    1. Hola, ANA. Me alegra que el despiste no se quedara solo en eso, quiere decir que mi objetivo- decir sin decir- está logrado. Y estoy totalmente de acuerdo con vos: el flamenco es un animar hermosísimo y eso de encontrar trabajo a la primera, más siendo uno que recién se estrena, no le sucede a todo el mundo, muchísimo menos en el desierto de Las Vegas 😉

      Te retribuyo los besos y la suerte.

      Cariños, M.

  4. Ton Pedraz

    Por supuesto. Qué mejor destino para él, que este que le otorgas.
    El Flamingo, de Las Vegas. Toda metamorfosis acaba encontrando un huequito en donde ser feliz.
    Bravo Mariángeles. Y suerte.

    1. “Toda metamorfosis acaba encontrando un huequito donde ser feliz”… Una frase maravillosa, TON, y más que cierta si se trata de este flamenco al que se le cumple ir a Las Vegas.

      Gracias por ese “Bravo” 🙂

      Mucha suerte para vos,
      Mariángeles

  5. Mª Belén Mateos

    Una metamorfosis y un relato original. Comienzan esas plumas rosas a vestir su cuerpo, su nariz se torna ganchuda y sus ojos amarillentos. Ese impulso de alas es el que le hace volar hacia su destino verdadero las Vegas.
    Me gusta la idea y como lo has resuelto.
    Suerte. Un beso.

  6. Reve Llyn

    Fantástico, ¡que divertido!

    Y no puede terminar en mejor sitio, para todos los “monstruos” hay un lugar reservado en el mundo, y en Las Vegas se juntan unas cuantos…jajaja

    1. ¡Divertidísimo, REVE LYN! No sé quén se divierte más, si el flamenco que ya está en su salsa, con los otros monstruos casineros, o yo, que lo tuve que escribir y mandarlo a su lugar en el mundo y ahora leo los maravillosos comentarios que me llegan. Para ser justa, voy a declarar un empate; seguramente nos estamos divirtiendo los dos por igual 😉

      Cariños,
      Mariángeles

  7. Towanda

    Hola, Mariangeles.

    Qué bonito, hija. Parece un cuento de los antiguos, de esos que nos contaban nuestras madres o abuelas.
    Me ha encantado. Una metamorfosis en toda regla.
    Un abrazo.

  8. Es un relato que me ha costado mucho de leer, de entender qué me estabas contado a medida que lo leía. Releído parece que lo entiendo, pero no sé realmente. Un camarero que se está transformado en flamenco, quizás con cierta insinuación al travestismo o homosexualidad. Pues no sé, no me acaba de convencer, seguro que es problema mío. Un abrazo, Mariángeles.

    1. Hola, XIMENS. Lamento que el relato te diese tanto trabajo y no te termine de convencer, pues partía de esta simple premisa ENTCiana: contar en 200 palabras una historia que incluya monstruos, y mi monstruo era, en efecto, un flamenco, o más bien, un barman o camarero que se transforma en flamenco y termina trabajando en el casino de sus sueños, el Flamingo de Las Vegas.
      Si hay un guiño al travestismo o a la homosexualidad, no lo sé, lo que sí sé es que esa aseveración forma parte del cliché asociado con las plumas rosas o con el color rosa, pero si lo fue, no fue un guiño consciente de mi parte, al contrario; lo único que quise contar fue la transformación del personaje en flamenco, y puede que ahí también esté el problema, que mi “monstruo” se sale del cliché de todos los monstruos esperables. En cualquier caso, te agradezco el tiempo que le dedicaste a mi relato, y te devuelvo el abrazo desde Argentina.

      Cariños,
      Mariángeles

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