Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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40. Rezos, ayunos y abstinencias (basado en hechos reales)

 El eco de las heroicas crónicas que habían nutrido de reclutas el frente pronto quedó relegado al ostracismo más absoluto entre el ruido de las explosiones y la fatiga del combate.

 Tras varios meses y con la percusión de la metralla apostada en los tímpanos, la trinchera había enconado a atacantes y atacados al interminable abrigo de las ratas, el fango y el espino.

 En fin de año de 1915, el general Césaire prometió a sus hombres con la mano sobre el relicario que contenía la foto de su hijo que acabaría con aquella locura. Abrazado a un trozo de tela blanco partió hacia la posición enemiga dispuesto a negociar. Horas después regresó y dio las últimas órdenes; había condiciones.

 Avanzaron hasta ellos decenas de titilantes luces que rasgaron el oscuro manto de aquella fría noche. Los rostros de sus enemigos, de cerca, eran el reflejo de sus mismos miedos y anhelos. A pesar de no entenderse, bebieron, se fundieron en abrazos y entonaron villancicos navideños.

 A las doce: silencio. De los suyos, uno cogió una cacerola; de ellos, otro golpeó con un madero. Tras la última campanada desenfundaron sus pistolas y dispararon. No se sabe quien ganó. Ni importa.

56 Respuestas

  1. Auro

    Jo, señor Soberano.. Me he quedado de piedra. Un relato que prometía tanta esperanza, para acabar a tiros. ¡Eso no se hace, amiguito!! Teorías del microrelato aparte… eres un papá noel malo, malo, malo…

    Abrazo.

    1. Hola Auro. He cogido una historia (basada en hechos reales) muy bonita y la he convertido en algo muy feo. XD. En cualquier caso sigo sin poder escribir cosas alegres, aunque sé que algún día lo conseguiré (espero). Muchas gracias y un beso 🙂

  2. Juan Antonio, vaya idea más original has tenido con la batalla en medio de la Nochevieja. Los ejércitos se dan una tregua, pero la guerra es la guerra y, como dice el lema, tras las campanadas volvemos a ser rivales. Además, queda evidente lo absurdo de la guerra, cuando por instantes se abrazan, se ve en ellos el mismo miedo a morir y matar… me recuerda a la obra de teatro Picnic de Fernando Arrabal. Después, el haber usado un personaje histórico le da credibilidad a la historia, te deja con la duda de si en verdad ocurrió o no esta increíble historia; asimismo, de nuevo, has usado un léxico ejemplar, de los que da envidia y que dice mucho de cuáles han sido tus aficiones. Y decirte que la imagen de los soldados dando las campanadas con la cacerola y el madero le pone la guinda trágico-cómica que remata el relato. Ala enhorabuena por este año tan bueno y que has acabado a lo grande.

    1. Como siempre Lorenzo acudes puntual a insuflarme ánimos y valorar con buenos no, los mejores ojos lo que escribo. Aprovecho para recalcar que está basado en una historia real (aunque retorcida a mí manera). Lo hubiera puesto en el mismo texto pero hace poco ya tuve una mala experiencia con el conteo de las palabras y al final decidí no hacerlo. Así que aprovecho por aquí. Respecto a todo lo demás que dices, sigo aprendiendo. Hago lo que puedo e intento fijarme mucho en los maestros que pasan por aquí mes a mes. El año… el año lo cambiaría entero, pero como decía Ende, esa es otra historia y debe ser contada en otro momento. Mil gracias por el apoyo constante y por la amistad y el cariño que no sé por qué en mí inviertes. Es recíproco. Y como dice Julio: Y lo sabes XD. Un abrazo, amigo.

    1. M Carmen. Estoy seguro que la experiencia de tu padre daría para un libro y mucho más. Seguro que divertido, y seguro que ajustado a la más cruda realidad. Anímate, que yo lo leo ;). Un abrazo y gracias por comentar.

  3. Ángel Saiz Mora

    En la Primera Guerra Mundial sucedió algo parecido, de forma espontánea, entre soldados, en Nochebuena. Por desgracia, las treguas sólo son leves descansos en medio de la locura.
    Un relato con gran fuerza descriptiva, perfectamente rematada con ese “no se sabe quien ganó. Ni importa”.
    Un abrazo y suerte

    1. Hola Ángel. Efectivamente. Fue una Noche Buena. No sé cómo terminó aquello, la verdad. He querido basar el relato en aquella bonita historia (de las pocos actos de generosidad colectiva que pueden surgir en una macro-contienda) y retorcerlo para darle una lectura trágico-cómica y subrayar (o intentarlo, como decía en facebook) el absurdo de la guerra. Por eso el final y los sartenazos. Gracias por pasarte y comentar 🙂

  4. Barlon Mrando

    A mi lo que más me gusta es el final feliz que le has ponido, me sorprendió sobremanera, me esperaba un final más gonito y amistoso. A mi me parece que es una treta para cargarse al vecino, hacerse el amistoso para tenerlos a tiro. Guen trabajo, tocayo. Mucha suerte.

    Abracísimos.

    1. Buen Barlon. Vista mi hoja de servisio se ha equivoquido de hombre. A mi no me sale algo alegre ni por casualidas. Aunque reconosco que como bien apuntas no es mala idea. Esta Navidad pondré un lanzallamas debajo de la mesa, para aprovechar por si viene familia XD. Un abrazo 🙂

  5. Ana Fúster

    Decíamos ayer, antes de que los gremlins malos se pusieran a jugar con mi móvil, que es un relato realmente impecable, que refleja a las claras los extremos absurdos a los que puede llegar la estupidez humana. Las dos últimas frases lo confirman y cierran a la perfección un relato muy bien escrito. Besos y suerte.

  6. Towanda

    Hola, Juan Antonio.

    Aunque esté basado en hechos reales el único mérito de conseguir que la historia llegue al lector y conmueva es tuyo.
    Un alto en la guerra para celebrar el nuevo año es una idea preciosa. Me gusta mucho cuando hablas del miedo que reflejan los rostros en ambos bandos, porque así creo que es realmente.

    Genialísimo, Juan Antonio, genialísimo micro.
    Un besabrazo ENORME.

    1. Hola Towanda. Ya he pasado por tu casa a decirte lo mucho que me ha gustado tu relato. Te agradezco mucho que pases por aquí y más aún que hayas venido para quedarte otra vez. Mil gracias y un besazo. 🙂

  7. Las guerras sacan lo pero y claramente la hipocresía del parón no fue sino un descanso a a la muerte que andaba algo agotada. Y mañana será otro día igual, lleno de parados, de muertes , de disparos… buen texto como siempre máquina.
    Un Abrazo

    1. Maestro Montesinos. Interesante lectura la de ese descanso que se estaba dando la muerte. Me alegra mucho verte por aquí. Este mes ando despistado y voy con retraso para variar, pero seguro que al final llego a tu propuesta. El mes pasado (y ya te lo puedo decir) estuviste muy arriba mucho tiempo. Toda la suerte del mundo para esta 🙂

  8. Mª Belén Mateos

    Como ya te comente en otro foro, en encanta ese manera de celebrar la Noche vieja, aunque sea por unas horas todos son amigos, todos son humanos…Y tu lo has contado estupendamente.
    un beso Juan Antonio

  9. Ton Pedraz

    Una pena que no se hubiesen ido a emborrachar todos juntos a partir de las 12’00, dejando a sus generales en la estacada.
    Precioso canto a la PAZ. Felicidades Juan Antonio.

  10. J u a n P é r e z

    Tengo en casa una película de excelente factura como tu fílmico microcuento. En ella, juegan en la primera guerra mundial un partido de fútbol ante el enojo de los mandos-paso algo similar según cuentan los anuarios bélicos- Tu microaportación me ha admirado, y más en este año que acaba que ha sido aniversario de uno de estos hechos mundiales y he vuelto a leer sobre ello gracias a la abundante bibliografía que poseo.[¡También he aprovechado para comprar muchos más! ]
    ¡Muy buenas Tardes y Congratulaciones, Virtuoso Corresponsal De Guerra!

    Juan, siempre de infantería.

    1. Bienquerido JuanPérez. Supongo que hace referencia a la película francesa ‘Feliz Navidad’, de 2005, protagonizada por Diane Kruger, Benno Fürmann y Daniel Brühl. Hay bastante bibliografía sobre el evento y hasta donde llego a conocer incluso pudieron ambos bandos recoger cadáveres y hacer entierros conjuntos. La pregunta es, querido Juan, en qué punto dejamos que lo abominable por la fuerza de la costumbre se convierta en normalidad, y la normalidad por omisión constante llegue a ser digna de elogio. Mil abrazos navideños y mil más por si los perdiera o perdiese. Algún día me invito a su sofá, vemos algún metraje de su larga filmografía y comentamos al calor del crepitar de una chimenea. Como no puede ser de otra manera, el brandy corre de mi cargo. Hasta más leerle, que al ritmo que voy, espero sea pronto. 🙂

  11. Virtudes Torres Losa

    Hola Juan Antonio
    Hace tiempo escribí un relato sobre esta historia. Fue tras escuchar en Radio Nacional lo acontecido en aquella guerra.
    Me causó tanta alegría y tanta pena al mismo tiempo.
    Las guerras las hacen los que están fuera del alcance de los proyectiles enemigos.
    Los que mueren en combate, si fuera por ellos, firmarían la paz al contado.
    Feliz Navidad.

    1. Hola Virtudes. ¿Existe la posibilidad de leer el escrito? Me encantaría :).
      Uno de los problemas de la guerra como bien apuntas es que los que señalan el camino al frente se quedan en casa. Muchas gracias por pasarte y comentar. Un abrazo 🙂

  12. Salvador Esteve

    juan Antonio, si miras a tu enemigo a los ojos, posiblemente no puedas disparar. Tu relato ha reflejado la sinrazón de la guerra en un golpe de lo absurdo genial, tras las campanadas a ver quién es más rápido, como en el antiguo oeste. Los protagonistas de tu relato han perdido una oportunidad preciosa para dar sentido a la palabra paz. Como siempre, me ha encantado. Abrazos.

    1. Hola Salvador. Me ha encantado la imagen que me dejas en tu comentario. Dos enemigos mirándose a los ojos incapaces de disparar. Tendríamos que mirar más a las personas y menos al suelo, de eso no cabe duda. Muchas gracias por tu visita y tu comentario. Esta es tu casa. Un abrazo 🙂

  13. Quizá fuera el mejor regalo que lograron hacerse, mover ficha ambos. La verdad es que me ha sorprendido también el final, que me parece fantástico. Me encanta esa imagen de la cacerola y del madero y cómo tras ellos resuelves la situación. No hay quien pueda contigo, campeón. Besos de paz y amor.

    1. Hola Eva. Me he tropezado con toda la suerte del mundo, y ahora lo normal es que me vuelva a la cueva, desde la que como siempre seguiré al rebufo de vuestros relatos; admirándolos y disfrutándolos. Me alegra que te haya sorprendido el final. Más de una vuelta le dí a ver cómo echaba el cierre. Para ti besos de fresa y melocotón. Muchas gracias por pasarte por aquí 🙂

  14. Como los griegos hacían una tregua para que terminara los Juegos Olímpicos y después claro como es natural matarse otra vez. Enhorabuena me parece un micro excelente. Te deseo mucha suerte y feliz Navidad, Sotirios.

  15. María Cotero

    Parece ser que los seres humanos estamos condenados a no entendernos, que somos víctimas de nuestra herencia genética que nos impulsa a estar en constante conflicto.
    Excelente relato del sinsentido de los conflictos bélicos.Malditas sean las guerras; pero más aún quienes las provocan.
    No te deseo suerte porque la suerte está contigo. Saludos.

    1. Hola María. Coincido contigo en que los seres humanos no tenemos remedio y las guerras algo maldito y vergonzante. Ya sé que se ha dicho muchas veces, pero he querido repetirlo por si acaso. Muchas gracias por pasar. Un abrazo 🙂

  16. Isabel

    Bueno Juan Antonio, tu final es excelente. Y es que, después de cantar, beber y celebrar junto con el enemigo, ¿para qué continuar la guerra?, es mejor terminarla. Todos son iguales.
    Me ha encantado tu idea.
    Besos

    1. Hola Isabel. Me alegra que te haya gustado el cierre. Como bien dices hay sitios y momentos en el que es más lo que no une que lo que nos separa, a pesar de que parezca todo lo contrario. Muchas gracias y besos para ti también 🙂

  17. Juan Antonio, me encantan los giros que le das a la historia: primero la dureza de la trinchera, después la posibilidad de tregua y la sinrazón de la guerra y por último ese final sorprendente. Muy bueno y con un léxico muy cuidado. Enhorabuena. Un abrazo

    1. Hola Edita. Qué puedo decir… si alguien que escribe de bien como tú me dice esas cosas a mí hoy ya no me hace falta comer. Atravesando el desierto en busca de musas como me encuentro que éste lo veas tan redondo me da muchos ánimos para seguir caminando. Muchas gracias 🙂

  18. En realidad esto mismo pasa en muchas familias estos días: establecen una tregua para comer los turrones y tras las campanadas vuelven a tirarse los trastos por la cabeza, el cuñado vuelve con sus indirectas y al final el abuelo dice aquello de “tengamos la fiesta en paz”. ¿Vendrá de ahí la frasecita?
    Muy buen trabajo Juan Antonio. Suerte y Felices Fiestas

    1. Hola Anna. Muy aguda esa comparación con las cenas familiares de Navidad XD. Ciertamente son eventos con las susceptibilidades a flor de piel que darían para más de un relato. Muchas gracias por pasar y Feliz 2105 🙂

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