Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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82. La tondue (Manuel Menéndez)

Recuerdo nítidamente el último instante de felicidad plena que viví. Asomada a la ventana despedía a Hans que doblaba la esquina rumbo a su cuartel. Pocas horas después mi fuerte y joven amante agonizaba, tras haberle arrancado de cuajo una bomba casera aquellas poderosas piernas que tanto me hicieron gozar al entrelazarse con las mías. Aquel día pensé que había agotado mis lágrimas. Pronto la vida se empeñó en demostrarme lo equivocada que estaba.

Al mes siguiente llegó la liberación de París. El júbilo inundó las calles, pero no era suficiente. El pueblo también quería venganza y alguien decidió que el enemigo éramos nosotras: las mujeres que habíamos cometido el pecado de amar a alguien nacido en otro país. Fui insultada, golpeada y arrastrada desnuda por las calles. Mis vecinas me escupían, los niños reían y los hombres me lanzaban miradas lascivas. Tras una farsa de juicio público me raparon mi hermosa melena negra mientras ellos camuflaban su deseo y ellas su envidia gritando un conjuro universal: ¡PUTA! Puta por ser bella. Puta por amar. Puta por vivir.

Mis cabellos crecieron de nuevo, mi fe en la humanidad yace aún esparcida por aquel suelo de París.

12 Respuestas

  1. Ángel Saiz Mora

    El amor no sabe de idiomas, política, uniformes, fronteras o circunstancias, simplemente se produce. Es fácil hacer leña del árbol caído. Estas mujeres que hemos visto en fotografías, películas y documentales , más que repulsa,inspiran cierta lástima y compasión, indefensas ante una multitud que las humilla. La de tu relato en especial. Unas vivencias como esas no se olvidan nunca, han de dejar una huella, de ahí la última frase, demoledora.
    Un relato que demuestra que una simple ventana puede dar mucho de sí cuando cae en las manos creativas apropiadas.
    Un abrazo, Manuel. Suerte

  2. Asun Paredes

    Está claro que el amor surge al margen de cualquier racionalidad, tu historia es un claro ejemplo de ello. Una mujer enamorada de un enemigo de su país, y que por ese motivo es repudiada por sus compatriotas. La sensación de haber perdido mucho más que un amante, un desencanto que la marca para toda su vida. Podría salir un peliculón de esta historia tuya, de esos clásicos de sofá, mantita y paquete de kleenex. Ya lo estoy viendo.
    Enhorabuena, Manuel. Muy buen relato. Besos mil.

    1. Manuel Menéndez Miranda

      Gracias Asun, sería un melodrama digno de Douglas Sirk, no sé yo…en todo caso, si ves cualquier foto o vídeo de la época es una clara muestra de hasta qué punto llega a ser mezquino y repulsivo el ser humano cuando se camufla en una masa. Besote 😘😘

  3. Manuel Menéndez Miranda

    Gracias Ángel, esas mujeres a mí me inspiran toda la compasión y la empatía del mundo. Su condena siempre fue mayor que la de los hombres, humilladas, maltratadas y vilipendiadas por multitudes cobardes. Un fuerte abrazo amigo.

  4. Querido Manuel. Me has sorprendido con un micro diferente a todo lo que he leído hasta ahora. Un excelente trabajo, y doloroso, especialmente porque no es ficticio. He buscado en internet la historia (que desconocía) y fotos de esas mujeres y no daba crédito, y he llegado a una conclusión. ¡Cuanto más descubro y conozco las aberraciones del ser humano, más me enamoro de mis perras…! 😉 De todos modos, te agradezco la información y felicitarte por esa grandiosa y fabulosa frase final, la esencia de tu texto.
    Suerte y un besote.

    1. Manuel Menéndez Miranda

      Muchísimas gracias Rosy, no se porqué al ver la foto me vino a la mente la historia de aquellas mujeres, esa página tan vergonzosa de la historia de la Liberación de Francia, tan alejada de esos valores tan proclamados de honor y gloria. Si te la he dado a conocer he cumplido con creces mi objetivo de hacerles un pequeño reconocimiento. Es terrible lo miserable que puede llegar a ser en ocasiones el ser humano. Un beso grande.

  5. Pablo Núñez

    El amor no entiende de guerras, y los soldados rasos y los civiles son meras marionetas de alguien que crea el odio y se sienta en un sillón. Es frustrante que la turba deje crecer ese odio y, cobardemente, lo muestre ante inocentes, en vez de contra los que provocan tanta barbarie.
    El género humano no tiene remedio, y tú lo has demostrado con esta historia en la que recuerdas un episodio negro de la postguerra, de los que hay tantos. Y es que la guerra es la mayor sinrazón de la humanidad, pero el odio después de la paz, es la mayor de las miserias.
    ¡Grande, hermano!

    Pablo

    1. Manuel Menéndez Miranda

      Gran análisis brother, solo puedo añadir que el hecho de que exista gente como tú es lo que hace que aún tenga fe, a pesar de todo, en este mundo tan cainita y fratricida. Un fortísimo abrazo!!

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