Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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97. Hacia el ocaso (towanda)

Ha vuelto a entrar. Fiel a su cita de cada mañana. Hoy arrastra un poco más los pies y observa, como asustado, a derecha e izquierda. Sus ojos se me antojan más viejos que de costumbre. ¿Lo de siempre?, pregunto mientras le sirvo un tazón de caldo. El mismo de todos los días. Me mira, pero ya no me recuerda. Saca una fotografía chamuscada de su cartera y me pregunta si la conozco. No, le digo tragándome las lágrimas, pero es la trapecista más hermosa del mundo. Al viejo le brillan los ojos cuando escucha estas cosas.

Cómo decirle que el circo cerró sus puertas hace años. Cuando el incendio.

¿Estoy bien maquillado, muchacho?, pronuncia con una sonrisa del chiquillo que conserva desde entonces. Sí, respondo, como los grandes payasos. Pero, una vez más, compruebo que su pulso ha fallado al intentar enmascarar las cicatrices que quedaron del fuego, cuando escapaba conmigo bajo las carpas. Para qué atormentarle recordando lo sucedido si mañana, cuando despierte, lo habrá olvidado todo. Volverá a pintarse su sonrisa; maquillará de colores su rostro y, como cada día, esperará sentado en la barra del bar que mi madre regrese a buscarle.

16 Respuestas

  1. ¡Uf, qué pellizco… qué preciosidad de relato! Y qué fortaleza, cuanta tristeza, la de este hombre ver a su padre así.
    Tú sigue, sigue así, sigue poniéndonoslo difícil. Te habrás quedado a gusto, bonita mía… ;-), 🙂
    ¡UN BESOTE, Y SUERTE!

  2. Jesús Garabato Rodríguez

    Al menos, ese recuerdo y el cariño del hijo parecen darle algunas fuerzas para continuar ¿viviendo? hasta que puedan reunirse definitivamente. Otros, puede que trataran de conseguirlo de un modo drástico. Sensible relato, Towanda. Enhorabuena. Besos y suerte.

  3. Íñigo Redondo

    Hola Towanda. Has encontrado una historia que nadie más que tú ha visto escondida en esa foto. El payaso y padre, sí, y también la trapecista y madre. Y el hijo triste y feliz. Aplaudo.

  4. Ángel Saiz Mora

    Amor absoluto de un hijo hacia su padre. Amor de un padre que demostró heroísmo y sacrificio salvando a su pequeño de un infierno, además de fidelidad hacia la mujer que quiere. Por un lado inspira compasión, pero no se puede negar que también una gran ternura y, lo más importante, él parece feliz dentro de ese mundo que un día fue y se detuvo, que no existe para los demás pero sí en su cabeza.
    Tu protagonista se acerca al ocaso, pero leerte es como un amanecer que siempre sorprende y de la forma más grata
    Un abrazo grande y suerte, Towi

  5. Eduardo Martín Zurita

    Hola, Towanda.
    Somos sendas de demolición. Es así de triste. Es así de cierto. El perro del paso del tiempo nos muerde en cualquier esquina del calendario. Un hombre que naufragó en un incendio, de la carpa de un circo. Aunque salvó la vida. Y la salvaron su hijo y su mujer. Ellos son su memoria. Hay está el contraste que hace grande el texto. Decaer con el amor de los tuyos es una salvaguarda inmensa.
    Un estilo el tuyo (el estilo es la fisonomía del alma) aún más depurado. Una delicia leerte, una delicia acrecentada. Mi más muy mayor enhorabuena, feliz todo para ti siempre y un beso así de grande.

  6. Sabía yo Towanda, que tu relato me iba a partir el alma… pero para bien. Cómo me gusta cuando tus historias y tus palabras me desarman y me dejan a los pies de esos personajes que tan bien creas. Me alegra mucho saludarte de nuevo. Te envío un abrazo que tienda a infinito si nos ponemos matemáticos.

  7. Salvador Esteve

    La memoria se va acurrucando en el rincón del olvida, mientras el amor y el cariño protegen los recuerdos. Precioso relato lleno de sensibilidad y ternura. Abrazos y suerte, Towanda.

  8. Mar Horno García

    El título pone los pelos de punta, igual que el final. Drama dulce, pero drama. Me ha encantado Towanda. Muy bien reflejado el dolor y la decrepitud. Enhorabuena. Un abrazo.

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