Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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82. A contrarreloj

Hay barcos que se hunden y amores que naufragan. Hay tablas que ayudan y amores que salvan. Beatriz estaba encerrada. Sus gritos traspasaban la puerta del camarote 115. Yo no era nadie. Un mozo de carga que nunca podría esperar nada. Pero aquella noche yo podía ser el héroe que salvara a Beatriz. Por una vez, podía darle sentido a mi mísera vida rescatando a mi amada, atrapada en un titánico barco que amenazaba con hundirse. Avanzaba con el agua hasta las rodillas, movido por el resorte de su voz, por el infinito pasillo. Nos habíamos visto cada noche en cubierta, cuando ella salía a tomar el aire. Me había sorprendido mirándola, en la mañana, con su melena al aire, riendo como una colegiala. Hacía apenas unas horas, mientras bailaba ese vals con su prometido, sus ojos estaban presos en los míos. Dónde estaba ahora el apuesto mozo? La había dejado sola. “Estoy aquí, Beatriz, ya voy”. Empujé con todas mis fuerzas la puerta. Conseguí entrar junto al río de agua. Tomé a Beatriz por la cintura: “Soy tu tabla esta noche, Beatriz. Tu eres mi salvavidas”. No me importa morir porque he vivido toda mi vida para este momento.

11 Respuestas

  1. Isabel

    Madre mía, que garra la de este amante. No me extraña que Beatriz bailara con un cuerpo pero se dejara atrapar por otros ojos. Un amor, contado así, todo lo puede.

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