Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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96. Además del verano

Encontré su bicicleta apoyada en las nasas de pescar pulpo, pero ningún otro rastro de Xurxo. El muelle, inusitadamente desierto a esa hora de la tarde, había sido tomado por cientos de gaviotas con su desafinado concierto de graznidos, que herían casi tanto como el silencio con el que él sostuvo mi mirada antes de dar media vuelta y alejarse pedaleando.

Si lo hubiera seguido, en lugar de esperar enfurruñada a que regresase con algún regalo de desagravio, como ocurría cada vez que nos enfadábamos, quizá ahora estuviésemos explorando la gruta que había descubierto para mí en una de las calas que teníamos totalmente prohibidas por su difícil acceso, o tomando un helado en la dársena, junto a las rederas que nos atrapaban con sus historias de aparecidos.

Sin embargo, en esta ocasión era diferente. Miré el reloj. Se hacía tarde. No seguiría buscándolo más, ni le pediría perdón por haber sido tan tajante al contestarle que prefería ir a la fiesta de mis vecinos. Dejé mi bicicleta junto a la suya, sin saber aún que algo había terminado.

9 Respuestas

  1. Qué bonito te ha quedado, Luisa, y qué bien te manejas en el costumbrismo. A partir de imagen de una bicicleta abandonada, dibujas una escena de desencuentro, que a su vez, es una parábola de las vicisitudes de la vida y del amor.
    Sí. Muy bonito.
    Bicos.

    1. Luisa Rodríguez G. Novelúa

      Muchas gracias, Juan. Puede ser la historia de fin de un “amor” de infancia, cuando uno de los dos se hace “mayor” antes que el otro, y prefiere ir de fiesta. Un abrazo.

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