Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

Single Blog Title

This is a single blog caption

65. DESALMADOS (Eduardo Iáñez)

Las radios digitales son aparatos sin alma, como todo el mundo sabe. Es difícil sustraerse a la tentación de su limpieza de sonido, de su ausencia de interferencias, de su precisión en la sintonía automática. Pero yo aún resisto, dándole vueltas y vueltas, en un sentido y en otro, a la rueda de la frecuencia analógica de mi transistor. Allí, en esa imprecisa frontera entre la nostalgia y los clásicos, los espíritus me hablan. En esa tierra de nadie ocupada por ruidos indeseables, he escuchado a Reed reclamar a Bowie entre los suyos, a Joplin prevenir a Winehouse cuando cumplió los veintisiete, a Elvis comunicar sus cambios de paradero. Y todo lo he escrito con mi letra apretada en este cuadernillo, que los demonios blancos buscan en balde mientras me paseo por el jardín con mi radio encendida. Ellos se han empeñado en cambiármela por otra, digital. No tienen alma.

16 Respuestas

  1. Ángel Saiz Mora

    Un relato sumamente original, Eduardo, con esos demonios blancos y sin alma que buscan la prueba de que existen mensajes ocultos en las interferencias, un detalle bien llevado que conduce a la reflexión entre lo antiguo y lo nuevo.
    Suerte y un abrazo

  2. Ana Fúster

    Es un bonito homenaje a esos transistores que tenemos asociados a tantos momentos de nuestras vidas. A los que se aferran a la tradición y no quieren cambiarla por las nuevas tecnologías los calificamos de “raros” o “locos” a veces, pero quizá solo sean nostálgicos de un tiempo pasado que consideren mejor. Así interpreto el final de tu relato. Besos y suerte.

  3. Eduardo Iáñez

    Queridos amigos, queridos Rafa, Ton, Ángel, Patricia, Calamanda, Montesinadas, Juan Antonio, María Jesús, Carles y Ana. Un número redondo, perfecto, eterno…: diez comentaristas los que agradecer eternamente su paciencia al leer estas letras.
    Abracísimos.

  4. Salvador Esteve

    Todo cambio, toda transición vertiginosa puede hacernos perder el norte de la realidad, nos aferramos a las cosa auténticas, a lo conocido, como salvavidas de nuestra cordura. Interesante reflexión y genial relato, Eduardo. Abrazos.

Dejar una respuesta